¿De verdad no ves lo mismo que yo?

Buenos días amigu@s, un martes de volver a juntar miradas, por un ratito. Disculpad que en cada entrada apele al martes por la mañana, para mí es la referencia temporal de una bonita charla que implica mi responsabilidad voluntaria de acompañamiento con vosotr@s y conmigo misma; no obstante, entiendo que para el resto del mundo no será igual ya que la realidad con la que se vivará puede ser bastante diferente.

Es curioso como un mismo hecho tiene infinitas versiones y cada una de ellas con su propio fundamento, múltiples miradas que lo enfocan y diferentes apreciaciones que lo valoran. Importante dejar relegada la supremacía de una sola y atendamos a las diferentes individualidades, a nuestros mundos particulares de pensamientos, sentimientos y emociones.

Por favor, fuera el decreto unipersonal: «Lo que es, es; porque yo lo digo» ; interesante ir derogando todas las dictaduras y, aquí, hablamos de una bastante peligrosa: El poder de las palabras y los criterios establecidos, incoherentemente. Actuación un poco-bastante coercitiva.

Afortunadamente, múltiples versiones ante mismo incidente y no tienen por qué corresponder a imaginación desmesurada o inapropiada. Sencillamente entra en juego nuestra propia vida que interpreta, nuestro caminar va condicionado por nuestras experiencias vividas y los contextos en los cuales hemos convivido aprendiendo maneras de mirar la vida.

¿Y quién tiene más razón???? ¡Pues nadie o todos! Cuidado con querer mantener siempre nuestra mente rígida sin dejar espacio, que no hablamos de una mirada que se encuentre demasiado desviada de una realidad aparente; así que, dentro de unos baremos, toda explicación merece oportunidad de estar presente.

Aceptar que la realidad, como tal, no la vemos; más bien enfocamos desde nuestras percepciones individuales, y normalmente acostumbran a tener puntos en común con nuestros congéneres; sin embargo, cada ser como individuo único aportará sus propios matices. Ni mejores ni peores.

Por otro lado, a veces, sería necesario presentar mentes abiertas a modificaciones de nuestras propias percepciones, así, si se da el caso, podemos optar a otras que no disten tanto como la nuestra de una descripción un poco más objetiva. ¡Ey! Tengamos en cuenta que, cuando contrastamos con opiniones ajenas, las tenemos en mejor consideración si provienen de personas cercanas que si se trata de quienes no nos representan ningún vínculo, por desconocernos o por no tener puntos en común. En estos últimos casos, quizás, no ofrecemos oportunidad alguna. ¿Actitud proactiva o reactiva?

Básico: Respetar aquellas impresiones que fluctúen a nuestro alrededor y, por mucho que creamos que van erradas, recordemos que será desde nuestro punto de mira, más o menos acertado. Puede ser muy interesante y positivo relacionarse con prismas diferentes a los nuestros.

Cuidado que nuestras representaciones parten de nuestra propia mochila de donde podemos extraer fundamentos con estereotipos interiorizados, roles estipulados, e inclusos sesgos cognitivos que impliquen una falta de lógica,… Todo el conjunto nos puede arrastrar a apreciaciones un tanto deformadas. Simplemente escuchemos y contrastemos. Podemos realizar nuevos aprendizajes y reorientarnos. Nada es absoluto.

Ni yo poseo la verdad ni tú tampoco; lo más dulce: verdades dispares aprendiendo a convivir con una base de tolerancia y si, además, entra en juego la complicidad, quizás podamos construir junt@s una afirmación que se asemeje más a la pura realidad.

Mi pensamiento deriva en esas noticias importantes que nos ofrecen a diario, actuando nosotr@s como receptores. Nos relatan desde múltiples fuentes y, a veces, surgen dificultades de lectura, no sabemos interpretar si hablan del mismo acontecimiento. Fuentes, en teoría entrenadas para ser más que «objetivas» y nos llegan a «confundir» … Entramos en el después de recibirlas, nosotr@s como meros observadores las comentamos, pasan a ser aún mucho más subjetivas, nuestra implicación marca, consecuencia más directa: las variedades será exponencialmente aumentadas y cada cual tendrá sus argumentos.

Simplemente cuidemos nuestras miradas, descartar la mayor cantidad de distorsiones incipientes ante la «posible realidad» , antes de que nos desequilibren ante una existencia diferente y, si hay posibilidad, ofrecernos oportunidades de entrever, un poco más, valorando nuestra esencia. Sin más.

Momento Honestidad: Han existido épocas en mi vida en las que he convivido con un grado alto de desconcierto que me ha llevado a dudar de mi criterio o de mi «saber hacer» en una dinámica de percepción de vida o de aquellas que enfocaban los eventos junto a mí, ¿no veíamos lo mismo? Ahora, desde hace unos añitos, entiendo que es imposible que alguien, que no sea yo misma, pueda entender mi percepción, igual que yo tampoco puedo mimetizar acciones/pensamientos de l@s otr@s, sin yo verlos en mi interior. La verdad es que es un descanso permanente dejar atrás la lucha de egos por el quién tiene la razón y respetar miradas, incluida la propia.

Mi querida familia, os deseo una semana de lucidez y crecimiento ante los diferentes cruces de mirada que podáis encontrar en vuestro caminar diario. ¡A por una comunidad multicolor de visualizaciones y/o percepciones!

¡Un abrazo muy violeta!

Ana Torres

Mi amargura económica, necesito respirar…

Hola de nuevo, querid@s amigu@s. Entramos en un martes en el cual nos vamos a acompañar desde las preocupaciones que se nos generan en un mes como el de enero. Esperemos que junt@s podamos desenfocarnos un poco del poder de don dinero.

Supercuesta económica, de difícil caminar, empezamos a visualizar nuestros agobios monetarios. Infinitas miradas de desasosiego: si soy independiente, no puedo con mis pagos mensuales; si estoy intentando serlo, no alcanzo optar a ello; si quiero ahorrar para mi proyecto, desisto ya que mis ingresos son insuficientes; si quiero mantener mi nivel de vida, ahora es insalvable… Y la lista podría seguir con más «sies», a cuál más aflictivo…

Nuestras cabecitas se están agobiando y aterrizan terribles conclusiones de un mundo injusto, no tenemos suficiente dinero, ¿somos insolventes? ¿la nueva generación pobre?… ¿Estamos exagerando o nuestras percepciones responden a la realidad? Miremos con atención, acompañad@s y, a poder ser, sin entrar en la desesperación.

Centrados en un después de fiestas, quizás de mayor énfasis emocional, padecemos porque nos hemos permitido lícitamente algunos gastos extras que juntados, o no, con una economía externa desastrosa y manipulada, ahora nos pasan factura

Por favor, desechemos arrepentimientos, hemos regalado desde el corazón, esfuerzo loable que implica generosidad de amor a nuestros seres queridos. Es un acto muy bello compartir nuestra economía hacia esos ojos felices, recibiendo un presente, y/o esas bonitas reuniones de hermandad, hechos que ya no nos permitimos durante el resto del año. Sin más.

Ahora nos encontramos sumidos en desastres numéricos o como nos dirían quienes todo controlan: «¡Bienvenidos al mundo real!» . ¡Ey! No hemos estado viviendo una historia de ficción, simplemente hemos oxigenado de las restricciones mensuales que acostumbramos a llevar como hábito de vida.

Nos surge el desespero ante la impotencia de no poder gestionar todos nuestros gastos, nos duele emocionalmente y llegamos a sentirnos colapsados. Se entiende perfectamente. Por favor, intentemos dejar la desesperanza relegada, sí realistas pero sin fustigarnos; el camino nos va indicando que nos tomemos las circunstancias económicas como transitorias, que no les otorguemos un super poder sobre nuestro bienestar emocional; tengamos fe en nosotr@s.

Que sí, que es necesario entender que esos agobios condicionen, a veces, nuestro permiso «de calidad de vida»; nuestro poder adquisitivo es básico para vivir, simplemente vivir. ¿Nuestra disposición emocional es proporcional a la nómina? El dinero no debería tener semejante supremacía, no obstante juega una gran baza en nuestras preocupaciones; no trivialicemos ni ninguneemos porque el padecimiento puede ser enorme, es difícil encontrar desahogos emocionales cuando no podemos sufragar nuestra dinámica existencial y la de quienes dependen de nosotros.

Y sientes algún comentario hiriente, «quizás te has excedido y no deberías haber llegado a ese nivel» ; por favor, lejos la censura del saber monetario, es normal que intentemos optar a un poquito más con ilusión. Aquellos que opinamos de circunstancias ajenas pongamos mejor atención, si cuando acompañamos lo único que vamos a hacer es dar por supuesto que todo lo sabemos y controlamos, cuidado que puede ser que en otra ocasión no seamos el confidente real que aquella persona creyó y desaparezcamos de la complicidad bien llevada. Incluso puede que la lleguemos a necesitar en nuestras propias carnes y hayamos fulminado nuestra oportunidad…

Si necesitamos desfogar nuestro malestar económico lo que menos nos gusta es la condena del amigu@. Sinceramente, cuando hablamos de nuestras preocupaciones no buscamos que nos las resuelvan, las penas compartidas pesan menos o, como mínimo, oxigenamos durante un ratito. Reubicarnos junto a una mirada que nos dé la mano y poder visualizar que existirá la salida del agujero es de grado sumo; que no hablamos de un préstamo sino de creer en una época mejor, de menor ahogo.

Queda claro que nuestra fuente de riqueza no debería de ser el reinado de la moneda/patrimonio; aún así reconozcamos que la salud económica puede paralizar nuestro fluir: dosis de realismo. Debido a nuestro enfoque nuestra energía disminuye, consiguiendo un desgaste emocional, es verídico y respetable.

Entonces, ¿nuestra abundancia está basada en nuestras posesiones materiales? Tengo la esperanza de que la respuesta mayoritaria sea un no rotundo, que identifiquemos desde la honestidad que nuestros verdaderos tesoros son nuestros bienes humanos.

Paciencia, abrazos de complicidad y compasión son elementos imprescindibles para poder surgir despacito y, mientras tanto, nuestro interior irá relativizando un poco, dejando de vivir nuestro saldo como un gran lastre.

Tratar de buscar argumentos/actividades/distracciones que, en ocasiones, consigan desenfocarnos de nuestro ahogo, aliad@s de camino, de los de verdad, reducir lo que podamos y tener claro que hacemos todo lo que está en nuestras manos; cuando nuestra conciencia está tranquila la crispación disminuye y la complicidad aumenta, incluida la nuestra propia con nosotr@s.

Recordar el sí se puede salir de ello, premisa interesante en este periodo, a pesar del negro exterior que nos ha invadido porque no todo depende de nosotros… Volver a una preciada distinción de nuestras diferentes riquezas, aquellas que visionamos como prioritarias y que nos aportan la verdadera calidad de vida, que conviven de manera real a pesar de nuestros dolores monetarios.

Recordemos que las circunstancias ideales de vida son productos de ficción y que, a pesar de las piedras del camino, nuestra excelencia personal puede surgir por momentos, empoderándonos. No somos bienes materiales ni lo que poseemos, somos nuestra persona, nuestra identidad; el gran mérito de vida.

Momento honestidad: Han existido mis momentos de agobio monetario y, siendo sincera, aún conviven en mi vida. Percibo que en ocasiones les he dado tal poder que han llegado a condicionarme mi fluir; ahora, les intento restar importancia en la medida que puedo, no quiero dejar de vivir porque no pueda pagar la vida. Asimilo, intento reconstruirme y me pongo mi vestido emocional lo más potente posible; sí, he variado mis mensajes, valoro que mis gestiones han sido realizadas de la mejor manera que he sabido y, acepto que en mi caminar siempre existirán piedras que me pueden desviar de mi ruta pero ya encontraré la manera de llegar dónde me proponga o relativizar lo que no consiga, sin más. Quiero restarle poder a don dinero y sentirme afortunada con mi vida, aunque vaya haciendo de más y de menos. ¡Vendrán etapas mejores!

Mi querida familia que paséis una semana muy agradable, a poder ser con el mínimo de agobios monetarios, y si no es el caso, la riqueza somos nosotr@s, dejémonos acompañar y suframos lo mínimo.

¡Un abrazo muy lila!

Ana Torres

De vez en cuando «no hacer nada» está bien

¡Hola querida familia! Un nuevo martes y aquí nos encontramos en un momento de respiro acompañado de palabras, siempre con opción de hacer entre todo y nada.

Todos los días nos levantamos con nuestras programaciones variopintas diseñando camino a seguir, a ratos más pautado y acelerado por múltiples obligaciones y, a momentos, dando pasos más pausados en formatos de aficiones/hobbies/diversiones u ocasiones de creación y cuidados personales.

Si nos observamos un poquito podemos llegar a percibir la existencia de un bucle de directorios, tales como: trabajando, construyendo, no parar de producir, haciendo x, y, z ,.. que, sin mucha sorpresa, no dejan de mostrarse en nuestro día. In extremis, nos poseen prácticamente la mayoría de minutos que tenemos de consciencia y, posiblemente, vamos respirando dosis de satisfacción por todo aquello que estamos ejecutando. ¿Seguros que esa sensación es la que divisamos en todos los instantes? ¡Sí! ¡Hemos estado desarrollando ocupaciones de nuestra titularidad! Dejemos pie a la duda…

Intentamos caminar fuerte por el mundo de las tres «ES»: eficiencia, efectividad y eficacia. Incluso mostramos más habilidades, si cabe, como nuestra activación de modo multitarea: más faenas simultáneamente y nos felicitamos, estamos consiguiendo llegar a todo aquello que nos hemos programado, aunque sea en nuestro «modo automático» , donde la consciencia ya se va ausentando.

Es cierto que es muy importante sentirse completo, realizado, construimos, seguimos avanzando…; sin embargo mostremos precaución, un sonido comienza a mostrar presencia en nuestro ánimo, es cautivador, se presenta como una necesidad que, a veces, ya nos verbalizamos interiormente e incluso la trasladamos a nuestro exterior: «¡Quiero desconectarme por un momento!» .

Exhaustos derivamos en la búsqueda de un momento de no-obligación, externo e interno, en el cual nuestra persona no haga absolutamente nada de «provecho». Y provechoso sí es, porque ese descanso de todo puede llevar a una serie de beneficios saludables mentales y físicos.

Pero es que yo no me puedo permitir «no hacer nada», siempre hay cometidos por realizar. Evidentemente que sí, toda la razón, y aquí entra nuestra propia voluntad de respetarnos y darnos ese pequeño-gran respiro que nos aportará dosis de calidad en todo el resto de nuestro recorrido. Cuidado que incluso cuando estamos durmiendo nos cuesta desconectarnos, sin sentirnos culpables.

¡Ey! Ya ha llegado nuestra invitada la culpa, le encanta fustigarnos ya que todavía no hemos interiorizado que nos podemos permitir el hábito de «Yo me paro un rato». Sinceramente, dicha emoción, debería de ser repudiada cuando estamos mirando por nuestro bienestar, el cual es un interesante potencial si lo volvemos un hábito desde una mirada positiva, donde nos aporta y no resta.

Relajación, no estamos hablando de no responder ante nuestras infinitas responsabilidades sino de establecer una bonita lista de prioridades dentro de las cuales nuestro descanso esté incluido. ¡Que no me lo puedo permitir! ¿Cómo que no? ¿Verdad que cuando una persona está enferma debe descansar para minimizar el dolor y sanar? Pues vamos a caminar un poco más sanamente para que no nos duela nuestro camino, regalándonos momentitos de omisión de sobreesfuerzos personales físicos o psíquicos. Y no significa que no alcancemos nuestros objetivos, los conseguiremos más saludablemente.

Ahorrarnos trances de saturación personal observando nuestra ruta diaria, desgranándola en bloques de urgencias, importancia y exclusiva pertenencia personal; de esta guisa veremos qué frenar viendo qué es urgente e importante, qué sigue siendo urgente, qué es importante y no es urgente y qué no es ni urgente ni importante (¡sí recurrimos a la matriz de Eisenhower!). Aprendamos a moderar, delegar o relegar determinadas tareas que no sean totalmente nominales y/o imperantes.

La importancia de un cierto «egoísmo personal» , bien llevado, evitará que solo enfoquemos en el bienestar ajeno; por cierto, nuestros seres queridos no lo verán como un mal gesto, lo entenderán perfectamente porque cuando entramos en modo automático padecen por nosotr@s.

Deberíamos desechar pasividad como sinónimo de «no hacer nada» en oportunidades de reconstrucción, recordemos que no invocamos ni a la desidia ni a la procrastinación sino aportación de brinco emocional, que no estamos negando camino sino buscar fuerzas para continuarlo. ¡Ah! Y dejemos de buscar justificaciones, intercambiemos por un «me lo merezco».

Palpar que la vida continua, que se sigue en buen camino y además respiramos en determinados momentos de «reseteo» es un éxito de relajación de la dinámica que llevamos, restando la urgencia de vacaciones para poder disfrutarnos.

Más beneficios de dicha coyuntura: reducción de nuestro nivel de estrés, recuperar una respiración más pausada, disminuir nuestro ritmo cardíaco, aminorar nuestra aceleración del día, presencia de mejor humor, dormir mejor (si hemos bajado el ritmo un rato antes de ir a la cama será más sencillo caer en manos de Morfeo que, a veces, pasar del todo al nada es difícil de conseguir). En definitiva, estar en paz con uno mismo por decisión propia y con un estilo elegido a nuestra necesidad.

Momentos Honestidad: La verdad es que estoy aprendiendo a darme permisos de no hacer nada que «me sean de provecho» , sin sentir el yugo de la culpabilidad sobre mis hombros. No está siendo fácil, lo reconozco, estoy muy educada dentro del pensamiento de productividad, de llegar a todos mis papeles y ser figura de referencia ante diversos trabajos, y estos estigmas pesan muchas veces.

Sencillamente, ¿Cuál es mi finalidad de mi «momento perezoso» ? , por cierto es maravilloso visualizarme como ese bonito mamífero. Pues que quiero moderarme y reposar. Deseo mostrarme exenta de cualquier infracción ante la no-acción de producir a todas horas. Expulso los remordimientos, aunque en un inicio entre un bombardeo a mi mente de todos aquellos pendientes por hacer. A base de entreno, conseguiré disfrutar de mis escapes puntuales, me aportarán dosis de regeneración y, en consecuencia, fluirán más adecuadamente las tres «ES». Sin más.

Mi querida familia os deseo que paséis una semana en la cual practiquéis una dinámica que permita momentos perezosos con ausencia de pesar y presencia de bienestar.

¡Un abrazo lavanda!

Ana Torres

¿¿Obligación de propósitos de año nuevo?? ¡¡Pánico!!

Hola querida familia, primer martes del año junt@s, repetimos acompañamiento en nuestra Kabaña emocional, con toda nuestra fidelidad. Seguimos dirigiendo una dulce mirada a nuestras palabras en el Año 2023, gracias por dar pie a saborear dicha vivencia.

Entramos de pleno en un año nuevo y, cómo no, nos acompañan nuestras acostumbradas frases de nuevos deseos, lanzadas a los cuatro vientos, o en la intimidad; nuestras cabezas no han parado de pensar en qué mejorar. ¿Es positivo disparar dichos mensajes si el convencimiento de ellos no está del todo presente? Hablemos tranquilamente, sin juicios, respetando y aceptando las diferentes decisiones ante anuncios de cambio, o no, desde nuestras mentes y corazones.

Llevamos unos cuantos-bastantes días manteniendo diálogos internos acerca de los obligados «objetivos nuevos de inicio de año» y ejercen una presión desorbitada. Absorbidos por la tradición, nos esforzamos en el qué tenemos que cambiar y, si no lo encontramos, parece que nos hayamos paralizado o que no tengamos anhelos de mejora de vida… Un momento, frenemos, ¿nos estamos diciendo que el camino que hemos llevado durante todo el año anterior o el anterior del anterior o el… no tiene sentido o no hemos puesto todo nuestro empeño? ¿No los validamos?

Por favor, tenemos muy claro que siempre se puede mejorar, existen múltiples facetas en las cuales crecer; sin embargo, cuidado con caer en esas miradas críticas-destructivas pensando solo en qué mejorar por el yugo de las expectativas.

El crecimiento personal es primordial en nuestras vidas y no lleva en exclusividad partir de cero o el cambio radical desde una pauta de aceptación externa; continuar camino también es aportar una dosis de progresión a nuestras miradas. No restemos todo el sentido a aquellas formas de actuar que ya practica nuestra esencia, quiénes somos va un paso más allá de lo que hacemos.

Que sí que siempre se puede mejorar, por supuesto, ¿y es necesario planteárselo de manera obsesiva en una fecha determinada porque es la premisa social/cultural? ¿No será mejor cuando nosotros, individualmente y sin raseros externos, lo palpemos como nuestra propia necesidad?

Recordemos que nuestra energía interior se mueve de manera más fluida cuando no actúa bajo la presión de mandatos externos o lo que es peor competiciones un tanto estrambóticas. En estos últimos tiempos, múltiples intentos del valioso «aquí y ahora» , movimiento primordial de vida; sin embargo, después de pronunciarlo, ¿nos escuchamos verdaderamente o no ha habido una interiorización real del significado?

¿Entonces no es obligatorio cambiar de camino? ¿Y no es conformarse con poco? La respuesta la tiene nuestra propia individualidad, aún así, recordemos que la constancia es un gran logro, la práctica hace al maestro, cada vez hacer un poquito mejor aquello que ya se está construyendo también aporta gran valor.

Giramos la cabeza, miramos con dosis de realismo, y comprobamos que algunos propósitos, a veces, son prácticamente los mismos que los que nos propusimos hace justamente un año, ¡vuelven a mostrarse en nuestra lista! ¿No estábamos totalmente convencidos? ¿No fuimos capaces de ejecutarlos? Cuidadín, paremos, auto-compasión, no se trata de coger el saco de las decepciones y/o frustraciones sino de creer de verdad en nuestras posibilidades y dedicarles el tiempo necesario, no forzarlos porque toca ya.

Siendo un poco objetivos, percibimos que esas nuevas determinaciones acostumbran a tener una tesitura de crítica por consentimiento social: ir al gimnasio, hacer dieta, dejar de fumar, dejar determinados alimentos… ¡Ey! Todo lo que implique mejora de salud es más que importante, pero desde nuestras creencias también, no por pertenecer a un único estereotipo de persona, respetemos.

Por cierto, quisiera destacar que dentro del «movimiento de salud» debería existir mayor afán respecto a la salud mental; en cambio existen pocos mensajes en referencia a ella, no verbalizamos ni un solo quiero sobre: «mis prácticas de cuidados de mis pensamientos, mi dieta de caricias a mi corazón, ejercer mis momentos de afecto personal, pasear por mi rincón personal, vivir mis emociones con respeto…»

Querid@s amigu@s, sencillamente, alternativas, abandonemos pautas sin sentido personal, sin sentirnos inferiores o de otro planeta, simplemente dejemos que sean nuestras propias mentes las que decidan opciones de camino. Disponemos de 362 días para visualizar nuestros potenciales de vida.

No compensa un beneplácito ajeno cuando nosotros, como protagonistas de nuestra historia, no sentimos conformidad con ello porque únicamente contestamos: «sí, ya nos toca» . De verdad que, si visualizamos cambios, no importa que sea en el mes de abril o de octubre, no hace falta la premisa de inicio de año. Apremio y constancia no suelen hacerse compañía sana. Cuidémonos.

Evidentemente, que si no se dan pasos de intentos no mejoramos nuestras dinámicas; sin embargo, tengamos en cuenta que los verdaderos directores de nuestra vida somos nosotr@s mism@s, tenemos toda la potestad sobre nuestras propias reorganizaciones. Si nos regalamos un monólogo más cariñoso y paciente podremos mostrarnos más rumbos acordes a nuestro interior, aquello que no nos pertenece se acaba desvaneciendo.

Entremos en 2023 sin presiones, sin ansiedades de perfección sino fluyendo y habitando tranquilamente en nuestro ser, desde la bondad hacia nuestro interior, sin más. Partiendo del sentir de nuestros propios corazones podemos recorrer un sendero dinámico donde haya lugar para nuestros sueños y mantengamos ilusiones genuinas, sólo dejando clara nuestra libertad de secuenciación.

Momento honestidad: Por supuesto que pertenezco al conjunto de seres que, en múltiples ocasiones, se ha plantado en un inicio de año verbalizando mis propósitos, nuevos o repetidos. Ahora, después de entender que yo no domino la vida, entra en mí un cambio de estrategia, no hay propósito de exclusividad de año sino caminar paso a paso con cariño y continuar con los planes que me aportan, tanto los antiguos como los más noveles.

Nuestra Kabaña emocional, se empezó a construir en el febrero del 2022, no fue un propósito de inicio de año sino de principio de un camino en el instante en el cual surgió. Ahora, cambiamos de dígito anual y permanecerá construyendo, cada vez más arregladita, más habitable para tod@s, intentando aportar un poquito de luz, con muchas dosis de cariño. Sí, seguiremos cohabitando múltiples miradas, aportando, sumando y creciendo, bajo nuestro consentimiento, desde bonitos lugares de nuestros mundos.

Finalmente querid@s amigu@s, antes de despedirme, un intento más, y vuelvo a evocar a mi propia honestidad, y me increpo con la pregunta del día: «Ana, ¿de verdad que no vas a tener un propósito nuevo para este año?» Dejo de escribir un momento y palpo que, a medida que he ido hablando con vosotros, ha brotado mi inspiración, no es nueva, es la misma desde hace tres años; me ha ido aportando y no la quiero perder. El silencio se ha roto y me percibo contestándome: «Quiero seguir la vida, con un camino que me conduzca a ser mi mejor versión consciente desde mi propio ayer, sin más».

De nuevo levanto la cabeza, os imagino y os pregunto: ¿Y vosotr@s? ¿Novedad o continuidad o mezcla? Sea lo que sea, mucha fuerza y si deseáis compartírnoslo será un regalo. Gracias.

Mi querida familia deseo que esta primera semana del año 2023 os aporte dosis de magia y felicidad junto a vuestros nuevos proyectos o la continuación de «los de por vida».

Desearos que sea un año que os aporte mucho más que os reste y vuestras identidades brillen por quiénes sois. ¡FELIZ CAMINO!

¡Un abrazo muy violeta!

Ana Torres

Variemos miradas: festejo, relax, sonrisas, lágrimas…

Hola querida familia, nos volvemos a encontrar en un nuevo martes, esta vez es un previo a fechas muy señaladas. Vamos a disfrutarlo de la mejor manera, desde la individualidad de cada un@ de nosotr@s, con confidencialidad y complicidad.

A las puertas de las Navidades/ Nadal/ Natale/ Christmas…, sí ya están muy cerca, al acecho de nuestros corazones. Nuestras mentes empiezan a focalizar en los sentimientos que pueden emerger pensando en ellas y en lo que está por venir.

Momentos de controversias emocionales llegan a nuestras vidas. Fechas entrañables para un@s, odiosas para otr@s o simplemente un descanso y sonrisas/ lágrimas para el resto. Primordial, respetar todas las opciones que se presenten, las compartamos o no. ¡Afortunadamente NO existe un gusto universal reinante!

De primeras, entramos ante un entendimiento popular respecto a estos días puntuales, y a la visión que se tiene de ellos, brota la urgencia de reuniones, familiares y/o hermandades. Derivamos en juntarnos grandes cantidades de personas alrededor de una única mesa y, así, compartir un gran festín de sonrisas, besos, abrazos, comidas, bebidas y regalos. ¡Ey! Que es un lujo poder vivir dichos momentazos de corazón; simplemente reflexionemos, un poco, si es nuestra voluntad o si es una tradición que nos obligamos a seguir, sin más.

Seamos conscientes que, por otro lado, nos invaden ideas un tanto predeterminadas por la personificación del consumo; cuidado que el valor SUMO es el presente de compañías de vida. Sensibilidad, por favor: No todas las familias disponemos de un «estatus» que permita llegar a la exigencia condicionada por celebraciones voluptuosas y, sin embargo, la esencia de los festejos es de gran categoría; nada que decir al contrario. Únicos requisitos a ponderar: cantidades de corazón y tiempo de acompañamiento.

Igualmente, existen quiénes no desean «sentir» dichas fechas como grandes festividades, y tienen todo su derecho, nadie les ha de licitar ni han de someterse a aprobado de juicio externo. Sencillamente, disfrutar de unos días, con toda la naturalidad del mundo, sin montar en el carro de mega-reuniones obsesionadas con patrones navideños.

Básico contemplar que puede existir un gran abanico de situaciones a vivir, sin las pautas establecidas, que no dan pie a vivir esa gran festividad, ni por decisión propia, ni religiosa ni de grandes almacenes. Por favor, respetemos decisiones culturales y/o ajenas.

Externamente, y a pesar de nuestras «mejores intenciones», no victimicemos a las personas que deciden pasar estos días en soledad; es su decisión, o no, y se pueden encontrar en momentos de no proximidad o de ausencias de gran referencia emocional, siempre es de respetar. ¡Ey! No buscan nuestra comprensión y la obligación de escuchar determinadas frases estereotipadas ofrecerá un incremento de dolor no necesario, su realidad no busca ser solucionada por nadie; es la vida misma.

Destacar también que, desde nuestros corazones, podemos darnos permisos emocionales y contemplar nuestras ausencias; sin embargo, recordemos que las presencias que mantenemos, incluida la nuestra propia, merecen sentirse incluidas en nuestra vida, avanzando a nuestro lado y haciendo camino. Por supuesto que está aceptada nuestra nostalgia y es real que, a veces, asoma con más fuerza en días señalados. Aún así, intentemos visualizar momentos de auge, no los neguemos en todo instante, vivamos un poco a quienes SÍ tenemos: Nuestro tiempo continúa, es nuestra línea.

Realmente es muy bonito «tomarse las 12 uvas», tod@s junt@s, a la hora que «toca», el día 31 de diciembre; no obstante, no insistamos inconscientemente sobre el compromiso de llevar a cabo dicho protocolo. Sinceramente, si no se ejerce dicha tradición NO sucede una hecatombe mundial e, igualmente, se iniciará un nuevo año. Y existen más ejemplos a citar…

Respiremos, un@s y otr@s, y si acaso, mostremos nuestras buenas intenciones en formatos de bonitos deseos con gran énfasis, regalos emocionales susurrados, a boca llena, por escrito… Francamente, nos importa transmitir que ese nuevo tiempo sea lo más feliz posible para «nuestras personas» . Y, la verdad, compartir dicho juego es muy potente y, viceversa, gozarlo cuando se acuerdan de nosotr@s: verdaderas sonrisas de amor.

Por favor, que cada cual viva estas «fiestas» dejando que los corazones fluyan en el sentido que decidan, desde una exclusividad unipersonal, responsable y privada. Se puede creer en una Navidad Dulce sin vivirla desde el punto de vista ajeno, cada persona con su ritmo propio.

Dejemos de lado la manifestación de las censuras, propias y ajenas, solo sirven para paralizarnos y no saber mostrar agradecimientos existentes. Y no es la crueldad del olvido, realmente esta no existe, simplemente compasión, seguir nuestro sendero, por nosotr@s mism@s.

«Te haces mayor y los tiempos cambian. Mi familia es más pequeña y las tradiciones se acomodan también al momento presente (cultural y social)
Momentos «estrella» Recitar el poema aprendido ese año, los aplausos y los besos de tod@s en una comida compartida y donde se disfrutaba tanto de la comida como de la compañía.
Hoy, en mi caso, como dijo mi sobrina, estamos creando nuevas tradiciones, comidas más acordes a las dietas actuales y con personas que son familia de corazón.
Este momento es mi presente, ni mejor ni peor, es real y auténtico, llena de sentido como soy hoy, tiene espacio para los bonitos recuerdos y para las personas que forman parte de mi historia, sigo manteniendo tradiciones que proporcionan luz. Aprovechando una expresión tuya para mí vivir estos días ha sido y es brutal!!
«

Montserrat Puig

«El día más importante para mí, es el día de Reyes, es mágico y especial, lleno de emociones de alegría, brotan las complicidades por los secretos, mi niño sigue vivo y disfruta viendo las caras de sorpresa y felicidad porque esos detalles, que has hecho o has comprado, han sido preparados con el propósito de poder ver esas caras llenas de amor. Se vuelve todo mágico pensando en ello

Eduardo Rodríguez

Momento Honestidad: La verdad, para mí, estas fechas siempre han sido entrañables. Desde los días previos me sentía hipnotizada, un sentimiento se despertaba en mi interior que me llenaba de luz: reuniones donde todos nos contemplábamos, trivializando y regalándonos VIDA. Vivir un ambiente de claridad y colorido en mi hogar, adornos colocados con ilusión y caminar, a diario, entre bonitas luces iluminando toda una ciudad; cómo se anulaban lo colores serios, más grises, más cotidianos… Sí, todo ello me despertaba dosis extras de emoción, era contemplar un paisaje de amor y luz combinado, un palpitar muy agradable,…

Con el paso del tiempo, mi corazón no deja de sentir un sabor tierno en esta época, las grandes celebraciones han sido modificadas y respiro con tranquilidad una comida entrañable con mi hijo, mi madre y mi perrita o con mis grandes amigu@s. Y, si el resto de días, me encuentro más sola, siempre valoro mi propia compañía, saboreando mi vida, conviviendo desde otras perspectivas, mis propios rituales y momentos de valor.

No me encuentro sumida en una suprema tristeza, ya no; simplemente existo ante mis propios momentos de tranquilidad y aceptación, me aportan, me suman a mi interior. Y, si detecto sentimiento ajeno de preocupación, lo minimizo ante todas las miradas, se trata de un sufrimiento innecesario; de verdad que me siento bien, acompañada en mi soledad de mis presentes y mis ausentes; sencillamente mis tesoros.

¿Y quién sabe? ¿Cómo las seguiré afrontando? No domino el futuro ni manejo la vida a mi total antojo, así que ya veremos en próximas celebraciones cuál será mi «modus operandi» . Lo fundamental es adaptar mis pensamientos en mi ahora.

Finalmente, confieso que casi todas mis navidades vividas en entrañables reuniones han sido maravillosas y que las que vivo, desde hace unos pocos años, no tienen nada de reproche; bien al contrario, siento una bonita plenitud agradeciendo lo que tengo: más bien estoy reubicada en mi vida y es brutal.

Mi querida familia, que tengáis unas fiestas lo más potentes posibles para vuestros corazones. Os deseo que el Año Nuevo sea de lo más especial, vividlo en acorde a vuestra esencia. ¡Nos vemos por aquí en enero, os estaré esperando!

¡Abrazos muy púrpuras!!!

Ana Torres

¿Te lo crees? Vale, no pasa nada…

Buenos días querida familia, volvemos a compartir un buen ratito en este martes, día 13 de diciembre. Sí, martes 13, rompiendo esquemas de terror. ¿Os apetece? ¡Vamos junt@s!

Las supersticiones, esas ideas/creencias/tradiciones que nos llevan por caminos dirigidos y no elegidos o sí, por nuestra propia individualidad. ¿Sí que se trata de una elección? Puede que sí o que no… Dependiendo de a qué tipo de cábalas atendamos, encontraremos diferentes respuestas; recordemos no todo es blanco o negro y fusilar otras opciones no es lícito, dejemos pie a las diferentes convivencias.

Realmente, en función de los ambientes en los cuales crecemos, podemos llegar a interiorizar dichas creencias sin cuestionarnos si tienen razón de ser. Sí, simplemente, es lo que nos han transmitido nuestras culturas y nuestros mayores; consecuentemente no hemos puesto en duda fundamento alguno.

Marcar la diferencia en torno a creencias paralizantes populares implica dosis de voluntad de hierro y de tener claro cómo manifestarnos ante ideas ajenas a nuestra persona. ¡Ey! que no se trata de mirar despectivamente a aquellas miradas que no coinciden con las nuestras. Recordemos ante todo respeto, aunque no claudiquemos con lo que personalmente nos transmiten esos mensajes supersticiosos.

La base es poder tener un criterio propio y poder establecer unos límites que no te condicionen en exceso tu camino por ideas ajenas o tradiciones que quizás, solamente quizás, no pertenezcan a tu vida por mucho que imperen en los entornos por los cuales fluctuemos

Existe la posibilidad de encontrar puntos a favor y puntos en contra de determinadas creencias, depende del tipo de idea de que hablemos y, siempre y cuando, no nos impliquen variaciones de nuestro propio camino, sin lógica alguna, condicionando nuestra personalidad.

Ahora observemos nuestras propias supersticiones, aquellas que hemos creado a nivel individual. Destacar que pueden ofrecer volvernos eficaces y llevarnos a un determinado éxito que anhelamos. Las consideramos positivas, benefician nuestro ánimo y coraje, nos otorgan esa persistencia ante aquello que nos hemos propuesto y solos lo considerábamos inasequible. Interesante tener prudencia sobre el apego en torno a ellas y nos surja una dependencia que limite nuestro camino en caso de la no posibilidad de llevar nuestros propios rituales a cabo. Simplemente, que sean potenciadores sanos, si necesitamos de ellos, llanamente.

Creamos nuestra propia suposición estimulante/ limitadora; es interesante ir al origen y averiguar las causas de por qué hemos llegado a ella. Seamos conscientes de que igual que nos surgió la necesidad de crearla, tiempo después, podemos tener la opción de validarla, modificarla y/o borrarla. ¡Y seguir creciendo! Probablemente, nos funciona porque, en cierta manera, nos «vamos arriba» , creemos más en nuestras cualidades y miramos nuestros retos con menor miedo.

Trivialicemos, intentemos no otorgar todo el poder de nuestro triunfo a esa idea/acción, que sí que nos funciona, pero no todo el mérito de nuestra mejora es por nuestra superstición, seguramente nosotros mismos nos hemos empoderado; según con qué actitud afrentes, determinadas pruebas, el resultado cambiará totalmente, siendo la mismas personas, con o sin amuleto… ACTITUD.

Dejando emerger dosis de objetividad, son un tanto irracionales ya que no existe motivo alguno de evidencia necesaria ni fundamento real con datos un poco-bastante «fiables» para que esas ideas perduren en el tiempo. Ahora bien, normalicemos la necesidad de recursos para convivir con nuestros miedos individuales de alto nivel de importancia. Que existen procesos más beneficiosos, seguramente, pero cada uno recurre a lo que puede entrever personalmente como aliado.

Supersticiones propias o ajenas, sin obligación de reconocimiento ni de compartirlas, sencillamente lo que nos sugiera nuestra persona y, tanto si es en afirmación como en negación, no hay que sentir vergüenza por ellas o por quien las practique. Cada cual lleva su sendero en acorde a su esencia o lo que necesite para que fluya libremente.

Momento Honestidad: Reconozco que no he sido muy supersticiosa en torno a creencias de comunidad. No obstante, han coexistido en mi vida determinados «protocolos propios» que me han servido en mi camino, sin más.

Un ejemplo significativo: era bastante jovencita, me encontré una moneda yendo de camino al colegio, me la guardé en un bolsillo y seguí mi camino. Acaricié varias veces aquella moneda guardada tan confidencialmente; en un inicio, no se trató de un gesto de superstición propia pero acabaría derivando en ello. ¿Por qué?

Aquel día, me enfrentaba a uno de mis temidos exámenes de matemáticas, me los preparaba mucho y no siempre obtenía el resultado deseado. Las últimas experiencias me habían tirado mis ganas por los suelos, en mi propia cuerda floja, condicionado por dicha asignatura…

Bueno, antes de empezar aquella prueba, acaricié aquella moneda y le pedí ayuda en aquel instante. Me ilusioné y empecé con otro ánimo, de hecho lo hice con todos los ejercicios del examen que, curiosamente, me parecieron mucho más fáciles . Llegó el día de las notas, mi moneda ya me acompañaba voluntariamente y, de nuevo, la abracé. Sorprendentemente, mi nota fue de un Bien alto. No lo podía creer. Lo que sí hice fue una asimilación de cadena de hechos fortuitos. Y, SÍ, muchas de las veces en las cuales me he enfrentado a exámenes importantes he llevado a cabo mi ritual.

¿Era racional mi hechizo de la moneda? Por supuesto que no, lo que sí fue real: mi nivel de autoestima, en aquellos momentos decisivos. SÍ, según crees en ti, sube y los resultados varían. ¿Sigo practicando mi ritual? No, he evolucionado, y he llegado a la conclusión que mi mejor amuleto es creer en mí e intentar, con todas mis ganas y esfuerzos, todo lo que me propongo y está a mi alcance, por difícil que lo vea en un inicio.

En el pasado, mi pequeña-gran superstición me ayudó; sí, me empoderó a creer en mí pero no resolvió mi camino, he enseñado matemáticas como Maestra gracias a mi esfuerzo y empeño. Nuestras convicciones nos indican un paso más allá y decidir qué recursos usar, sin necesidad de juicios, simplemente respetándonos. Solamente revisarlas de vez en cuando, sin romanticismo y con dosis de sinceridad: mi moneda no funcionó siempre en todas mis pruebas.

¿Y vosotr@s? ¿Tenéis alguna anécdota supersticiosa que os apetezca compartir en nuestra Kabaña? ¡Os esperamos con todas nuestras ganas! Siempre aprendiendo, tod@s somos alumnado-maestr@s.

Querida familia, os he echado de menos, ¿quizás vuestras miradas son un lujoso talismán? No me importaría atribuiros ese gran poder aunque sé que el primer paso es mío y con mucho cariño. Os deseo que paséis una semana potente, con un martes tan normal como otro cualquiera y, en caso de que sea con diferencia, que esta marque un Buen día, sin más condición.

¡¡¡Un abrazo muy violeta!!!

Ana Torres

¡Junt@s crecemos un poco más!

Buenos días mi querida familia, este martes vamos a por una dialéctica un tanto diferente. Antes de nada, aclarar que vamos a plantear más «crecimiento emocional» y, como para ello es necesario nuestro preciado tiempo que, a veces, no podemos encontrar, os sugiero un respiro. Sin ningún problema.

De vez en cuando, es positivo hacer una parada y así poder recapitular y gozar de momentos vividos. Cómo no, me gustaría que brindáramos la oportunidad a nuestro espacio. Sí, vamos a «dejarnos sentir y a escucharnos», veamos si nos surgen más aportaciones a nuestras convivencias de estos diez meses que llevamos junt@s. Simplemente, volver a saborear acompañamientos que nos han hecho brillar.

Evidentemente, yo también llevaré a cabo esta bonita dinámica, creo que puedo seguir creciendo muchísimo a vuestro lado, gracias a vuestras respuestas, en los diferentes formatos, que me habéis regalado, y ¿por qué no? A mis propias reflexiones.

Hablamos desde el corazón, sin ánimo de alardear, sino de evolucionar y/o sentirnos acompañados, semana tras semana. Sí, yo también miraré hacia atrás con mucho cariño. Disfrutar de las horas que hemos dedicado, a cada aportación, desde el intento de dejar representadas multitud de miradas a nuestros mundos, con la presencia de nuestra armonía. Sí, aceptando que nada es perfecto y que todo puede brillar.

Si os preguntáis que si se acaba este pequeño-gran lugar donde nos encontramos semanalmente, os puedo confirmar que NO: imposible renunciar al lujo de convivir con vosotr@s. Propongo un pequeño descanso (una o dos semanas), poder reubicar todas las emociones que nos han ido surgiendo y, si no hemos podido contestar, y queríamos hacerlo, ha llegado nuestro momento, desde la tranquilidad, sin prisas.

Conclusión: siempre existirá opción de volver atrás o de mi primera vez, no tiene importancia. Recordemos: Ana verbaliza desde su corazón y, sin embargo, es NUESTRO hogar de lectura y escritura; aquí no buscamos más reconocimiento que protegernos emocionalmente.

De verdad que nos encontramos en un «lugar en movimiento», no existen decretos de opinión ni somos estátic@s. Todas y cada una de las lecturas realizadas, hasta el momento, y las que están por venir, se presentan en continua evolución: a la espera de mejoras pertinentes.

Si, por casualidad, se os habían presentado aquellos instantes en los que queríais hacer vuestra aportación y ¡oh! Ana ya había vuelto con un nuevo tema… Emergiendo en nuestro pensamiento ideas como: «Esta mujer que no para y no se puede seguir este ritmo, yo quería…» Frenamos y, aunque haya pasado el tiempo, nos permitimos momento oportuno individual.

Por favor, este espacio es una oportunidad a nuestra paz interna, estamos surgiendo de esos diferentes trances estresantes; no nos gustaría que la vorágine de vida se apodere de él. Es normal que cada un@, en su propio estilo de vida, no siempre pueda llegar a todas las lecturas al ritmo propuesto. No pasa nada, están aquí «in saecula saeculorum», para cuando se pueda intervenir y, si nos interesa, «darnos y/o recibirnos» .

Por otro lado, aprovecho para reiterar una de nuestras premisas fundamentales: tod@s igual de importantes, nadie más ni nadie menos; sería un regalo que nos hicierais llegar vuestras voces, desde cualquier lugar del mundo donde estéis presentes. Que sí, no os preocupéis que este lugar lleva un camino: Mi corazón percibe multitud de acompañamientos primordiales, necesidades en distintas realidades. ¡Ey! Que no pretendo poneros presión, la rechazamos desde un inicio, aquí no padecemos. Nos compartimos abiertamente. Y ya está.

Así que si alguien siente que quiere proponer/hablar de sus propias inquietudes, por supuesto que nuestra Kabaña abre las puertas y ¡junt@s vamos a por ello! Seguro que hay muchos intereses emocionales que mi mirada aún no ha alcanzado y, desde nuestra convivencia, sería muy preciado que nos las mostraseis; sí, vuestras sugerencias.

Qué gran crecimiento contemplarnos/acompañarnos: más corazones mayor grandeza de lugar, sin más. Poco a poco, lo vamos consiguiendo, más miradas. ¡Ey! Tú también puedes, ánimo. Y, si lees esta aportación, y te preguntas si Ana está hablándote a ti, ten claro que la respuesta es un gran: ¡SÍ!!!! Involucramos a todos los corazones que se paseen por nuestro espacio y lo hagan suyo.

Desde la mayor sinceridad, me gustaría transmitiros que nuestros caminos hablan empoderándonos: «Si yo puedo escuchar, tú puedes hablar» y al revés. Por favor ¡Dilo! Escúchate y deja que nosotr@s te escuchemos. ¡Brutal!

Vuelvo a agradecer vuestras lecturas y/o aportaciones y confirmar que hacemos realidad que pertenecemos a nuestra Kabaña emocional. Recuerdo que la actitud del «agradecer diario» nos ofrece una visión más agradable del mundo que vivimos en particular cada un@; para mí, este lugar, cada semana, implica un agradecimiento a vuestras miradas, corazones y complicidades. Gracias gracias gracias.

Momento Honestidad: Cuando empecé esta bonita aventura pensé quién va a leerme, soy «Ana», aún así me dije: lo intento. Sinceramente, la respuesta está siendo muy emocionante; a ver, si enfocara a comparaciones saldría como un lugar visitado «poquito o muchito», depende punto de la referencia. En particular, para mí, con una sola lectura ya es muchito, ¡un valioso corazón que ofrece su tiempo a leer este espacio! ¡Tiene SUMA importancia!

Francamente, las comparaciones no son la finalidad de nuestra Kabaña, lo que buscamos es acompañarnos en lo que nos preocupa, azora, malmete o aquello que no nos deja avanzar o todo lo que queremos compartir porque nos hace brillar y se puede ¡contagiar!… ¡Vamos junt@s!

Mi querida familia, os deseo que paséis una o dos semanas muy tranquilas y, si os podéis regalar tiempo de lectura, será un honor si entráis a nuestro rincón.

¡Un enorme abrazo muy púrpura!

Ana Torres

Sinceridad: Ganancia a largo plazo

Querid@s amigu@s feliz mañana de martes, o de cualquier otro día, no importa. Vamos a acompañarnos desde las francas palabras de nuestras identidades. ¡Gocemos ser nosotr@s mism@s!

Observemos nuestras gestiones de comunicación y la cantidad de veces que llegamos a renunciar a nuestra veracidad, ¡demasiado numerosa! Atendemos a la causa principal: nos duele cuando dialogamos claramente y vemos que, sin querer, hacemos daño a las personas que queremos. Y no hablamos de perder las formas en nuestra dialéctica, que puede pasar, pero no es nuestro caso, sino del contenido que transmitimos..

Sinceridad de palabra, qué bonito y cuánto que ofrecer a nuestra mirada, creemos a fe ciega todo lo que aporta a nuestro foro interno. Sí, desde nuestra percepción, mostrar nuestras palabras como nosotr@s mism@s las sentimos y sin voluntad de imposiciones de las corrientes en las cuales nos relacionamos.

Realmente, poder darnos el permiso de no fingir por l@s otr@s, es un gran avance personal interior; necesitamos de nuestra propia honestidad. Y, sin embargo, se nos generan situaciones incómodas, percibimos que causamos daño emocional y caemos en la tristeza de la posibilidad de «defraudar/perder» un poquito a nuestras personas…

Nuestra mente se siente bombardeada con arrepentimientos por expresarnos abiertamente y recibir respuestas que se convierten en nuestros remordimientos… Encontremos un camino con las mínimas pérdidas personales y las máximas dosis de crecimiento para todos los corazones implicados.

Ser nosotros mismos es básico en un camino de plenitud, sí dejar de renunciar a nuestro interior, sí dejar de establecer tantos límites a nuestra propia persona y, todo ello, no implica ausencia total de consideraciones al otr@… Hablamos de la necesidad de llegar a un grado intermedio, de bienestar emocional conjunto, sin tener que pagar siempre con nuestra propia persona.

Nuestra comunicación, una verdadera muestra natural y espontánea, sobre todo con seres con los que mantenemos lazos emocionales estrechos. La base es buenísima, sin embargo, para nuestra sorpresa, o no, observamos que nuestras palabras son mal recibidas, justo en el momento en que se pronuncian, afectan dramáticamente a miradas dolientes que no queremos ver.

¿Cómo podemos afrontar esos dolores que llegan de golpe? ¿Sacrificio de nuestra sensibilidad para el beneficio de los que fluyen a nuestro alrededor? Sinceramente, dependerá de los momentos y esto no debe implicar esconder y/o variar nuestra identidad.

La opción dolorosa de omitir lo que se piensa, esa mentira piadosa, no deja de ser una falta a la verdad que sentimos en nuestro interior. Cuidado que se consigue una cordialidad que implica renunciar a nuestro propio ser y, en el tiempo, emerge de nuevo. Es imposible controlarse siempre y, quizás, la manera se mostrará «desmesurada» , llevamos acumulación de abandonos de nuestro criterio en pro del bienestar ajeno…

Estamos situados ante una enorme contradicción: no te quiero hacer daño y no puedo decir lo que siento; «amor bajo mi propio abandono» , ahora la tristeza es nuestra. ¿Y si nos situamos desde el otro lado? ¿Y si nosotros «supiéramos» de ese prisma? ¿Lo aceptaríamos?

Por favor, no decidamos sobre la voluntad ajena, por mucho que en un momento puntual seamos la fuente de esos malestares emocionales, o no, y es vivido de esta manera. Pueden existir otras opciones de mayor crecimiento como: dar espacio de asimilación y/o interpretar juntos la causa de esa aflicción, sin más.

Que pueden venir múltiples decepciones, si se descubre que aquellas «no-verdades» están presentes en la relación; «regalar el oído» puede llevar a sospechas de no merecer suficiente confianza o entrar en la frustración de cohibir la fluidez del otr@ por nuestras reacciones. ¿Qué nos causará? ¿Más sufrimiento?

La sinceridad lleva de la mano el respeto de nuestra verdad y, a veces, acabamos perdiéndolo por los demás. Cuidado que entra en acción nuestra auto-crítica o nuestros juicios y desaparece nuestra veracidad de nuestro campo de visión; ahora caminamos desorientad@s.

Tratemos de gestionar esas situaciones incómodas desde el amor que nos profesamos y no, en exclusividad, desde la preocupación por emociones que suscitamos y que duelen. Aprender a afrontar la palabra honrada, nuestra o ajena, no implica un todo o nada. Asimilemos que no existe un referente ideal, que nadie posee la verdad absoluta y que elegir camino no siempre es fácil. En este punto, a construir con la menor cantidad de malinterpretaciones dolorosas.

Sencillamente, intentemos llevar a la normalidad mostrar discrepancias, sin dramatizar; partimos de la tolerancia de diferentes perspectivas y ello no implica vivir en continuo desacuerdo/acuerdo. Cuidado con esos supuestos «beneficios» que aporta una hipocresía pautada por el bienestar momentáneo; se pueden esfumar, las opiniones sinceras acaban emergiendo de nuevo, no cambiamos la identidad.

¡Seguimos buscando la elección correcta!¿Renuncias de palabras sinceras o dejar pie a un berrinche y afrontar consecuencias emocionales ajenas? Ninguna es totalmente válida, así que vamos a buscar un equilibrio entre tod@s.

Siendo realistas, una convivencia potente lleva consigo dosis de limitaciones consentidas; que sean las mínimas y volemos junt@s. Personas únicas, percepciones diferentes, nos aceptamos y nos respetamos, sin un tú ganas-yo pierdo. Ganamos tod@s desde nuestras diferencias, hemos acudido a los grandes: complicidad, comprensión, compasión y cooperación.

Imaginemos ese bonito mundo que emerge desde mi/tu/su sinceridad y crear un micro-clima de anclajes supremos: engaños minimizados. Diferencias de opiniones/percepciones, aportaciones a crear un mundo más grande, donde yo crezco-tú creces y caminamos de la mano. Brutal.

Momento honestidad: sinceramente, me causa un gran desasosiego interior cuando, desde la base de mi honestidad a la hora de hablar, yo soy la fuente de dolor emocional de mis seres queridos. Trato de minimizar los daños de mis razonamientos y pido perdón cuando es necesario. No obstante sé que volverá a suceder porque soy única, ni mejor ni peor que nadie, y no siempre seré bien interpretada. Acepto que mi criterio/opinión/percepción puede diferir; es más, entiendo que es necesario que así sea. Implicará intercambios de aprendizajes, necesarios en mi camino de vida.

Mi querida familia, os deseo que paséis una semana conviviendo con todas las dosis de sinceridad emocional necesarias en vuestros corazones.

¡Un abrazo enorme desde toda mi honestidad!

Ana Torres

Vivir el cariño, sin más…

Buenos días querida familia, martes de compañía con gran dosis de cariño y complicidad. Vamos a vivirlo, si os apetece.

En nuestra Kabaña paseamos desde la línea de la tolerancia, con honestidad y consideración. Y, así, enfocaremos a nuestras convivencias cariñosas, intentando restar poder a esas voces que callan a otras pautando «numerosas obviedades» .

Recién llegados a este mundo, en nuestra primera etapa de vida, poseemos «pocas» habilidades para caminar por él. En contrapartida, solemos contar con una de las armas más potentes: el cariño de nuestros seres queridos. Sentimientos que nos invitan a un bonito recorrido y que nos aportan las defensas, que no tenemos, ante todo lo desconocido que nos rodea. Vamos «Aprendiendo a sentir y a ser» .

Va pasando el tiempo, nuestros saberes han aumentado, y decidimos si queremos convivir con mayor o menor cantidad de muestras cariñosas. «¡Obviamente sí!» ¿Respuesta universal? ¿Desde la sinceridad? Consideremos razonamientos infinitos, fundamental mirar exclusivamente a nuestro interior y contestarnos individualmente.

Creer que dar cariño tiene que ser una actitud estándar puede ser una trampa. A ver, que sería de una gran potencia que la mayoría de personas lo practicásemos, pues sí, o no…, en función de cada uno… Por muy atrayente que sea la idea de la práctica generalizada no la volvamos imposición. Somos únicos con nuestros propios baremos para gestionar qué cantidad de afecto practicar o qué nos aporta bienestar emocional en la elección de nuestra dinámica de vida.

Nuestras prácticas no son vinculantes en las gestiones afectivas de otras personas así que, por favor, no se trata de compensar lo dado/recibido, por mucho que nos guste que sea así. Libertad de expresión emocional, sin lugar a dudas.

Nos situamos en la fuente que regala afecto y nos sentimos pletóricos por ello, «nos nace de nuestro interior» , lo vivimos de manera natural y espontánea.. Y, curiosamente, no otorgamos la importancia que se merece dicha acción. Valoremos al alza aquello que practicamos desde el corazón, aunque nuestros mecanismos racionales nos lo presenten como normalidad.

Sentir el amor en nuestros mundos aporta Grandes Pasos ante la vida. Sin embargo, recordemos que yo/tú/él/ella obsequiemos esas deferencias no implica que vengan de vuelta; quien las recibe no debe sentir obligación de actuar igual. Esperarlo es una expectativa que no ha lugar; yo te hago un regalo, tú me lo tienes que hacer a mí…, no somos un mecanismo programado.

Que sí, que el intercambio es dulce y fomenta relaciones más idóneas, aún así no se debería ni generalizar ni juzgar… Simplemente diferentes ponderaciones o necesidades emocionales o incluso momentos personales que impiden mantener esos cuidados recíprocos.

Consideremos, también, que es frecuente que cada persona nos sugiera más o menos ganas de mostrar/sentir cariño; nuestro corazón pondera, casi en exclusividad, generando sentimientos y apegos, afinidades personales. De igual manera nosotr@s podemos suscitarlo o no.

Cuidado con generarnos un determinado malestar porque no recojamos el cariño que, probablemente, nos merecemos; nuestra autoestima se puede balancear a la baja. Surgen esas temidas preguntas: ¿No hemos hecho méritos suficientes? ¿Hemos actuado mal?… Seguramente lleguemos a una conclusión poco acertada, preguntemos, por favor. Dejemos que la otra parte se gestione y, si lo desea, explicará sus múltiples motivos.

Diferentes opciones, diferentes individu@s. Podemos aceptarlas incondicionalmente o decidir si nos restan más que nos suman. ¿Y si estamos llegando a sentir decepción respeto a acciones que no dependen de nosotr@s mism@s? Vigilemos nuestras dependencias emocionales, no es necesario vivir abismos, queremos relaciones sanas.

Y sin embargo… Muchas miradas son fijadas felizmente ante la dinámica del afecto, puros sentimientos que se regalan, percibir todo un asalto de sensaciones agradables cuando sentimos los cuidados de quienes nos tienen en gran consideración. Llegan grandes cantidades de atenciones en formatos diferentes: palabras, besos, abrazos, miradas, sonrisas, escuchas, silencios, manos estrechadas, carantoñas…

Brillamos intensamente, seguimos caminando acompañad@s; tantos y tantos significados y emociones… Nuestro corazón agradecido bombea dulcemente, está siendo acariciado, vive la plenitud que se le genera.

¡Ey! Que pueden existir momentos en los que ni nos percatemos de esos valiosos mimos dirigidos a nuestra persona, cuidados realizados sin nuestra presencia y, sin embargo, existen. Interesante a tener en cuenta, no son para reconocimiento constante y/o meritar; su valor puede ser mayor que agasajos constantes y exageraciones desorbitadas. Conclusión: el formato no es el único elemento a valorar, el mensaje sí.

Otro mundo muy valioso es el auto-cariño, primordial sentir amor y respeto por nuestra identidad; esos afectos, esas deferencias, esas caricias emocionales… de ida y vuelta a nuestra propia persona. De verdad que nos los merecemos, potenciando nuestro itinerario, sin caer en ninguna trampa de egocentrismo. Somos el eje principal de nuestro camino, qué mejor que auto-cuidarnos con gestos bonitos en primera persona.

Únicamente, nosotr@s mism@s elegiremos qué ruta emocional queremos llevar, sin estereotipos. No debemos sentirnos condicionados si somos de poca práctica de muestras cariñosas. Y si nuestro movimiento es dar por supuesto que el cariño está en nuestro interior, cuidadín, las suposiciones a veces no se perciben del todo; en caso de que nos interese, corroboremos si nos entienden.

Contemplemos una imagen, de manera externa, en ella se palpa la práctica de voluntad afectuosa, por ejemplo un abrazo de varias personas. Seguramente, será «multi-interpretada» por diferentes observadores externos; derivando en sonrisa, desdeño, emoción, indiferencia,… Cada cual tendrá su opinión, ni mejor ni peor, sin más. Dejemos de lado actitudes de menosprecio a las muestras cariñosas ajenas, estén presentes o ausentes.

Permitidme un pequeño comentario acerca de este ratito que estamos pasando junt@s. ¿Un blog de acompañamiento emocional, desde la base del cariño, y entendiendo que no surja dicha necesidad? Perfectamente, hablamos para quien quiera leer y/o sentirse acompañad@ u opinar; no hay una selección ni una validación de identidades. Caminamos junt@s, con dosis de consideración a todas las miradas; cada cual sabe quién es, en el aquí y ahora. No hay más.

El camino del cariño, puede ser muy bello, desde relaciones sanas y afines. Voces altas que nacen en nuestro corazón, verbalizadas de manera inconsciente y/o consciente, reconfortando a seres queridos. Sencillamente pura elección.

Momento honestidad: Sí, soy una persona bastante cariñosa; aún así, reconozco que, en función de mi estado de ánimo, puedo no haber mostrado con suficiente intensidad lo que los demás representan en mi corazón y las ganas de abrazarlos que me han despertado. En mi actualidad, quiero mostrar, de manera abierta y sincera, todo lo que mi corazón me susurra, sin sentirme capada. Y sí, intentaré que mis expectativas de cariño no sean condicionantes relacionales.

Querida familia, os deseo una semana muy potente en la que podáis sentiros reconfortados a vuestra manera.

¡Un abrazo muy lavanda! Fragancia tierna y suave.

Ana Torres

De verdad, necesito mi «espacio» …

Buenos días querida familia. Un nuevo martes junt@s en «nuestro rinconcito» , navegando sin ningún tipo de condicionamiento, y con el máximo respeto a las «líneas de cada un@ de nosotr@s» .

Desde pequeñit@s, vamos construyendo el valioso concepto de autonomía personal; primero de manera más pautada y, a medida que vamos creciendo, somos nosotr@s mism@s quienes la gestionamos e incluso reivindicamos.

Dicha independencia conlleva una serie de conceptos esenciales. Hoy enfocamos a: nuestra bien preciada privacidad; sí, necesitamos del respeto de nuestra identidad íntima y solamente «compartirnos» en función de nuestra decisión, sin imposiciones.

Destaquemos poder disfrutar, sin condición alguna, de nuestros propios espacios personales, psíquicos y físicos, damos por supuesto que incluimos los referentes a infinitas versiones tecnológicas. Ciertamente, a través de todos ellos, derivamos en un bienestar único e intransferible, totalmente necesario.

Vamos a recorrer nuestros caminos tranquilamente, como se merecen. Y empezamos con la gran importancia que inferimos en nuestro hogar a «nuestra habitación» o, en su defecto, a «nuestro rinconcito» , si no existe posibilidad de una única titularidad; recordemos que, desde aquí, atendemos a la diversidad de circunstancias de vida y no damos nada por hecho, disculpad es un apunte primordial. Volvemos a nuestro pequeño-gran espacio, donde disfrutamos de nuestra esencia y llegamos a nuestra propia dimensión. Damos el gran paso que dista entre espacio físico y psíquico, nos felicitamos: el segundo también se muestra sin pudor.

Continuamos sendero, mundo tecnológico, podemos destacar nuestros propios espacios en la «Nube», cada vez más importantes; ahora bien, deberíamos tener en cuenta si el carácter confidencial verificado es real. Yo quisiera creer que sí, no obstante, a veces, percibo una cantidad enorme de «coincidencias» que conviven en «mis apartados personales»…

Sin ser malpensados de naturaleza, nos asaltan temores. ¿Privacidad asegurada??? ¡Mi teléfono móvil ya casi adivina mis pensamientos, con su vida propia, sin que yo se lo pida! ¡El anti-virus de mi ordenador parece que falla, emergen informaciones no solicitadas! ¡Y venga claves y números secretos!!!.. Dura consecuencia: padecemos la temida inseguridad dentro de nuestros «mundillos» . Debemos ser más precavidos, si cabe… Necesidad de caminar con tranquilidad con el mínimo de vulnerabilidad.

Seguimos, ahora comparecemos en otros entornos, no nos pertenecen como tales, y sin embargo cohabitamos en ellos; véanse formatos diversos como nuestros trabajos/estudios… Que estemos pautados a la finalidad del lugar no implica que nuestra persona desaparezca, el pequeño-gran espacio que ocupemos debería contar con unos apuntes de nominalidad e individualidad, nuestras «pertenencias» seguirán siendo únicamente nuestras. Como se suele decir: «junt@s y no revuelt@s».

Ahora cambiamos el prisma, desde la mayor sinceridad, y percibimos que, en ocasiones, hemos podido derivar en algunas acciones nada saludables: a hurtadillas mirar, «sin querer», el móvil de nuestros seres cercanos o fijar vista a qué están haciendo en sus pantallas e, incluso, ojear valiosos diarios personales… Importante percibirlas y fundamental variarlas.

De verdad, que si sentimos la necesidad de «saber» simplemente preguntando a la persona en cuestión tendremos respuestas, o no, desde la fuente más valiosa, sin haber traspasado la línea de la cordialidad. Por favor, no practiquemos esas dinámicas, la decisión de obsequiar datos es del propietario en cuestión y, si sucede, nuestra lectura será muy bella: somos gente de su confianza.

A nadie le gusta ser examinado sin autorización y espacialmente tampoco. La curiosidad bien-llevada te puede aportar nuevos conocimientos, pero este no es el caso; la aplicada a fisgonear, sin una invitación adecuada, puede ser una agresión al otro, debemos ser prudentes y considerados, por muchos ataques de «querer saber» que suframos.

Cuidado, que nos sentimos transgredidos cuando somos invadidos, y realmente con fundamento, nadie debe tener potestad de darle dos bofetadas a nuestra privacidad y saltársela a la torera, por los motivos que sean. Obviamente, en caso ultra-necesario, ya con otro tipo de circunstancias de carácter urgente, será «permitido» un determinado asalto, eso sí, comedido y justificado.

Como cada martes, giramos la mirada a lo que nos suma, vamos consiguiendo que esta acción sea un hábito. Y, en este momento, visualizamos esas connotaciones espléndidas que se derivan del palpitar en nuestros propios espacios y de un nivel de importancia alto para nuestra identidad; en definitiva, el sentir que posees un cosmos con el cual te identificas. Se trata de un deleite exquisito que te pertenece, sí pura inmersión en tu mundo; recurso que tú, como dueño, decides sobre él de manera autoritaria, lo cual es ortodoxo.

Ese lugarcito, donde planificar tu recorrido/dinámica, escuchar tu música, leer tus libros, «hablar» virtualmente, o in situ, con quien tú, y solamente tú, has invitado… ¡Ojo! No estoy hablando de promover, en todo momento, el hermetismo dejando de lado todas nuestras relaciones, somos seres sociales. Simplemente, que existen momentos en los cuales necesitamos de grandes dosis de privacidad para realizar aquello que nuestra voluntad decida, ni que sea desde dimensiones reducidas, y llegar a relacionarnos con nosotr@s mism@s en exclusividad.

Tenemos pleno derecho a vivir nuestras «intimidades» y, para poder auto-gestionarnos con ellas, necesitamos de esa lujosa confidencialidad. En el momento en el cual estemos preparados, si nos parece pertinente, haremos partícipes a quiénes decidamos, sin imposiciones.

Lanzo una pequeña-gran reivindicación hacia nuestros únicos e intransferibles espacios virtuales sin necesidad de control externo, el hecho de la apropiación indebida de nuestra dinámica de vida es nociva. Hablamos de libertad y nos vemos forzados a hechos como invisibilizarnos en las redes sociales, no queremos que controlen «dónde estamos» … ¿De verdad que es necesario proceder a ello? Fácil justificación, compartimos un medio, no nos implantamos un localizador/controlador para mirada aliena.

De igual manera, cerciorarnos que «no somos públicos» en la realidad no-virtual, de vida más tangible, desde las deferencias principales y obvias de la vida privada; que no queremos tener que hacernos invisibles en: nuestra habitación/ escritorio, nuestra posición laboral, nuestro paseo en el parque, un asiento en el cine,… Hablamos de sentirnos considerados de una forma coherente, sea dónde sea y totalmente factible.

Finalmente, damos un paso más allá y, evidentemente, muestra presencia nuestro espacio interpersonal, extensión que distancia «el yo del tú» o «el nosotr@s de vosotr@s»… Por supuesto que existen unos mínimos de centímetros a considerar para mostrar un respeto básico y estos se reducirán si como individuos únicos lo decidimos en común acuerdo; probablemente se tratará de relaciones de nivel importante de complicidad.

¡Ay! Por cierto, igual que necesitamos que nuestro territorio sea respetado, el de cualquier otro congénere se merece la misma cortesía; y no valen excusas: ni de parentesco, ni de grado de amistad muy alto, ni de buenos compañeros… Se trata de un derecho vinculante y premisa de entendimiento en las relaciones.

¡Ey! Recordemos que queremos dar ejemplo elevando a normativa la franqueza ante nuestra convivencia y no tener que desconfiar por agresiones de espacios. Sí: las reglas del juego son para tod@s, sin buscar, insistentemente, argumentos que justifiquen entrometernos, en asuntos que no nos pertenecen; sin más.

Querida familia, qué imagen tan bonita se genera cuando sentimos que podemos fluir sin tantos temores de sospechas y cautelas; interioricémosla y demos pasos hacia ella: un lujo en nuestro caminar. ¿Qué os sugiere a vosotr@s? Os esperamos en nuestra Kabaña emocional, respetuosa al cuidado de los demás.

Momento honestidad: curiosamente, en este instante, siempre me confieso desde mi privacidad y con una gran dosis de intimidad. Hoy me toca bastante al alza, estoy entrenada en no traspasar esa línea tan significativa. Actitudes de cotilleo de espacios ajenos no entran dentro de mis actuaciones. Ni siquiera vivo esas tentaciones, simplemente porque valoro en muy alta estima mi propia privacidad.

Mi querida familia, os deseo una semana dulce desde la serenidad, sin el temor de vivir asalto alguno a vuestra identidad.

Un abrazo enormemente malva, desde su sensibilidad.

Ana Torres

¿¿De verdad?? ¡¡Ley de Mur..!!

Martes, querida familia. ¿Qué os parece si hoy suavizamos algunas de «esas miradas» que nos llevan al desespero y no nos permiten avanzar? Vamos junt@s, recordemos: compartir puede aligerar carga.

Existen momentos de nuestra vida en los cuales TODO nos sale al revés de lo que nos habíamos planteado. ¡Qué horror! Consecuentemente, caemos en desespero y/o desidia, incluso llegando al abandono de aquello que anhelábamos o el camino que habíamos programado…

¿Qué está sucediendo que todo me pasa a mí y no consigo nada de lo que quiero? ¿Por qué me sale completamente mal?… Y muchas más preguntas, de semejante tesitura, asaltan a nuestra mente y a nuestro corazón, a gran velocidad. ¿Vosotr@s también habéis pasado por ese martirio? Seguramente que unos cuánt@s de nosotr@s hemos contestado afirmativamente.

A ver, es real que pueden darse algunos factores negativos encadenados que nos reducen posibilidades de ser efectivos, eficientes, eficaces o que destrocen la dinámica que teníamos planificada… Sin embargo, por favor, abramos bien nuestra mirada de entendimiento a lo que nos va sucediendo.

Antes de derivar en un Universo entero en nuestra contra, podemos hacer un parón, respirar y, con un estado de mayor tranquilidad, advertir la causa y consecuencia del primer hecho que nos ha derivado al grado sumo de la insatisfacción o a la espera de más impedimentos. Validemos seguir adelante, obviando predisposición a lo peor, este movimiento puede ser la clave para levar anclas y superar el primer bache sin llegar a caer en un océano de despropósitos.

Una pregunta interesante que nos podemos realizar es si nuestra percepción de la realidad es correcta. Inferir «auto-discusión» sobre nuestras apreciaciones no es sencillo, sin embargo a base de entrenarnos se puede conseguir y podemos llegar a vivir diferentes opciones de aquello que nos parecía totalmente destructivo en nuestro ser.

Muy importante tener en cuenta en qué nivel se encuentra nuestro estado emocional, puede que no sea el óptimo ya que hemos enfocado ese punto de partida como demoledor y, a partir de él, sí que vamos directos a la condena que nos vaticinábamos.

Quizás, atribuir un significado demasiado derrotista al primero de «nuestros desastres o impedimentos» nos enfoca a vivir las siguientes circunstancias como más zancadillas que no nos dejan avanzar y nos quitan el control de nuestros actos.

Cuidado con el poder del control, bastante subjetivo, jugamos con una dualidad que es un tanto irreal. Sí que podemos controlar lo que depende de nosotros, hasta ese punto lo tenemos «bastante fácil» ; sin embargo, lo que no depende de nuestra propia persona es aleatorio al resultado que queremos y creer que está en nuestras manos es un anuncio erróneo para nuestro cerebro. Aceptar que el suceso opuesto al que esperábamos es lícito, aunque nos cause desagrado.

Seguramente, aprender a relativizar nos puede abrir una puerta que nos regale una escalera de subida del agujero en el cual nos caímos desde un inicio y no pudimos resurgir. Nuestro ánimo de enfrentarnos nos ha podido jugar malas pasadas deformando nuestra visión de lo que vivimos, vamos a darle un empujoncito al alza, con paciencia.

También nos perdemos en la queja continuada: «No es nuestro día»; seguimos: «Qué desastres de días» ; incrementamos tiempo: «No es nuestra semana» ; hasta: «No puedo más, llevo una temporada que todo se pone en mi contra» . Todos estos mensajes que nos auto-lanzamos, sintiéndolo mucho, no nos van a salvar de ese caos personal que hemos lanzado a nuestro cerebro, sea o no real. Y que es legítimo quejarse, cuando uno no se siente de acuerdo; por el contrario, nada saludable permanecer en ese estado, obviamos oportunidades que no podemos ni visualizar por el enfoque al que hemos sucumbido.

Contestar a cómo salir de esa cadena de confabulaciones, en contra de nuestro ser, solo lo podemos hacer cada un@ de nosotr@s, desde nuestra individualidad de gestionarnos. Ahora bien, si es necesario un poco de ayuda, para facilitarnos el proceso de dar grado de importancia, dentro de una percepción más realista o un tanto más objetiva, la buscamos, sin ningún tipo de reparo.

Saquemos a lucir ese cariño que sentimos por nuestro ser, cuidémonos de la forma más positiva en función de cada uno. Interesante ofrecernos algún cambio de acción y actitud para no derivar, otra vez, en ese camino que nos condiciona/condena a seguir repitiendo resultado. Recordemos: por mucho que lo intentemos, sin variaciones no hay resultados diferentes.

Por fin variamos la ruta, comenzamos a salir del agujero y, de repente, nos asaltan «pensamientos de Murphy». Con todos mis respetos, es un sinsentido en nuestra persona. Derivar en que alguien o algo vendrá y nos romperá ese gran momento/resultado en el cual estamos que nos «salimos de contentos» … ¿De verdad es una ley vinculante? Por favor, que le cedemos nuestra potestad de pensamiento a un factor externo que de momento es invisible e imperceptible, porque no existe, y rompemos nuestro bienestar que era real.

Un ejercicio que nos puede aportar un poco de luz, en esos momentos desastre, es recapitular a la inversa; me explico mejor: dosis de voluntad para tratar de focalizar instantes que nos hayan sumado, seguro que puede surgir uno y después otro. Podemos llegar a encontrar la cadena que nos equilibra respecto al pánico vivido y puede que aquel día no fuese realmente tan malo, ¡ha surgido La magia de la mirada compasiva! ¿Qué os parece practicar nuestros intentos de recuperación? Seguro que vosotros contáis con más recursos, si os apetece será muy positivo conocerlos.

Nadie dice que sea fácil hacer el proceso a la inversa, dosis de voluntad y creer. Y, Sí, de nuevo volvemos a sonreír porque nos regalamos oportunidades y NO hemos perdido el tiempo, se puede aprender y, lo que es mejor aún, a veces la realidad aumenta en positivo porque nuestra perspectiva y actitud han variado.

Responsabilizarme de aquello que me está saliendo mal y variarlo, no vivirlo como un drama, cambiar de camino, pedir otras miradas, aflojar nuestra censura y ser nosotros mismos, sin mirar ni expectativas ni juicios de nadie más, sobre todo descartando los nuestros propios.

«¡Ostras! Buen personaje ese de Murphy… la tostada, la mantequilla y luego cae hacia el suelo… ¿mala suerte? Levantarte con el pie izquierdo…. Ante las contrariedades, como bien dices, mirar desde otra perspectiva y respirar profundamente, abrir los ojos y sonreír a la vida porque, sí, podemos pasar un mal día pero el mirar más allá podemos descubrir maravillas… y porqué la tostada quizás no te venia de gusto… ¡¡vamos a comernos un maravilloso pastel!! Y reconstruyámonos con responsabilidad y vivamos el hoy…»

Montserrat Puig

¡¡¡Una semana de días redondos para todos desde el corazón de Eva hacia nuestra Kabaña Emocional!!

Eva Zamora

Momento honestidad: Sí, en determinados días de mi vida, he pronunciado la frase: «Si hoy no me hubiese levantado me hubiese ido mejor» . Ahora, me observo y me pregunto si en aquel día no hubo NADA de NADA que me aportase. Comienzo a hacer recapitulaciones, la magia surge: una cadena de hechos positivos en uno de mis días negros que ha adquirido color. Realmente mi estado anímico es diferente y mi percepción ha cambiado, saliendo de mi terror y brillando para continuar camino, sin más.

Querida familia, deseo que esta semana no sintáis que se os tuerce ningún día y, en caso contrario, respirad que al día siguiente saldrá el sol de nuevo.

¡Un gran abrazo morado!

Ana Torres

Susurros, ¿los escuchas?¿qué sientes?

Buenos días querida familia. Un martes de tranquilidad, hablemos con confidencialidad, unos pocos susurros desde mi corazón al vuestro. ¿Les damos una oportunidad a ver si os gustan?

Observamos nuestro mundo y percibimos gran «invasión» de dinámicas que nos implica una aceleración de nuestra vida… De acuerdo, forma parte de las voces que escuchamos de nuestros diversos mundos y, no siempre, impera nuestra voluntad… Cuidadín con tanta velocidad para «llegar a todo», renunciamos a ofrecernos tiempo de disfrute sosegado para nuestros corazones, solos o en compañía.

¡Ey! Podemos corregir emocionalmente algunos momentitos, si nos apetece. Hoy enfocamos a nuestras voces, concretamente a la intensidad que les aplicamos; parece que vayamos, casi siempre, con el volumen a máxima potencia. ¿Necesario para que se nos escuche? Quizás no. Tantas situaciones en las que recurrimos a alzar nuestra voz desmesuradamente, ¿así somos más escuchados? ¿y nosotr@s escuchamos en esas condiciones?

Llegan a brotar, in extremis, situaciones «surrealistas» de invasiones vocales entre grupos en espacios comunes. Me explico mejor: estamos presentes en un local público y, sin comerlo ni beberlo, derivamos en NO poder ni oírnos, estamos confluyendo con otros grupos de mayor poderío de volumen. Sí, conversaciones ajenas que, sin querer, escuchas, perdiendo el hilo de lo que realmente te importaba, tu grupo, simplemente por el imperante modus de comunicación de otr@s.

¿Os ha pasado alguna vez? ¿Cómo han sido vuestras reacciones? Espero que la opción más eficiente no haya sido subir vuestro volumen, no digo que no vengan ganas, pero demasiado reactivo. ¿Qué conclusiones sacamos? No existe una única totalmente válida, tampoco vamos a juzgar, simplemente apelemos al sentido común y conseguir respetar un espacio común.

¿Qué os parece si, en determinadas ocasiones, nos detenemos y bajamos un poco la voz? No como crítica, simplemente para saborear diálogos amenos y más íntimos. Lo vamos a disminuir a tal nivel que vamos a invocar a los susurros, que sí que existen, y que no son exclusivos de determinadas relaciones, que también… ¡Vamos a gozarlos!

SU SU RRAR , palabra bella en sí misma; ahora, por favor, la situamos en nuestra mente, es más, probemos a pronunciarla lentamente, separándola en sus tres sílabas, con una voz tenue y cálida; suena exquisita. Paramos a observarnos y apreciamos que su propio significado nos lleva a múltiples evocaciones en nuestro pensamiento y suscita un despertar de sentimientos en nuestros corazones.

Hablar con esos maravillosos susurros, implica una focalización más importante en aquello que comunicas o que te comunican. Quedémonos con esa imagen, tanto de manera interpersonal como intrapersonal

Si nos damos cuenta, cuando nos hablan con esas voces bajas de volumen, necesitamos escuchar con mayor concentración, queremos entender, nos importa lo que nos dicen y no lo escuchamos bien, ponemos más atención. Interesante opción a tener en cuenta. ¿No creéis?

Esos pensamientos susurrados que nos pueden generar: una bonita paz, una complicidad emocional extrema, unos pequeños trocitos de confidencialidad, un descansar del ritmo apremiante…¿ y por qué no? ¡Un momento divertido entre tú y yo!

Deleitarse de la creación de un mundo único sumergidos en nuestra propia burbuja que únicamente nuestro susurro no puede romper. Sí, resurge la dulce magia con ese ambiente especial que se ha concebido, hemos decelerado ritmo y sonreímos ante el suave pacto de ese ambiente creado con base de intimidad.

.

Por favor, cuidado con derivar a otros lares de voces de intensidad baja, rompemos el susurro y lo transmutamos en un cuchicheo, una situación que puede restar más que aportar. Normalmente, no es agradable esa percepción, quizás estamos entrando en modo opinión destructiva. ¿De verdad lo validamos? Marquemos la diferencia y busquemos un cambio de aquello que nos ha llevado a un trance incómodo, sin necesidad de abrir espacios de desconfianzas, suspicacias…

Aparece el musitar, acaso connotaciones de dolor con él, por innumerables motivos, pidamos ayuda emocional a nuestras personas de confianza; junt@s podemos contrarrestar aquello que nos hace mal. Totalmente lícito mostrar lo que nos ha dañado, y no hace falta que sea en voz bajita, simplemente es comunicarlo e intentar salir de esa zona de dolor: reenfocando.

Hablar susurrando no corresponde al miedo a equivocarse y no ser aceptado… Esos sinfín de «noes» nocivos no tienen suficientes argumentos de existencia en el susurro en concreto.

Insistimos, hablo flojito por miedo al error, de verdad que es bonito equivocarse, rectificar y aprender. Escuchemos nuestras dudas, sopesemos, valoremos y encontremos puntos pares y dispares para después establecer un equilibrio. Y si no lo encontramos, alcemos la voz en el sentido apropiado y busquemos ayuda, encontraremos una voz externa que nos acariciará, de verdad.

Qué bonito es acercarse a una persona y susurrar unas palabras a su oído. En ese momento, situamos en más alta estima el oído derecho, es más atento; a través de él, nuestra emisión de «sonidos flojillos de volumen» generan una gran combinación, un mensaje valioso, prometen un gran lujo en nuestro propio interior.

Susurros, imágenes excelsas de complicidad entre seres compartiendo pensamiento, de única exclusividad, en ese momento, de ella y de él, de ti y de mí, de él y de él, de nosotr@s y vosotr@s…

Susurros en declaraciones de amor, en una canción de cuna, en sentimientos a regalar, sugerencias de invitaciones, búsquedas de soluciones, contemplar misterios…. En definitiva, momentos puntuales de boom emocional, increíbles tesoros.

Infinitas situaciones, incluidos aquellos momentos de meditación, conducida, sintiendo intensamente esa voz que nos dirige mediante sucesivos susurros que consiguen trasladarnos a nuestro ansiado bienestar. Impensable generar armonía en nuestro propio ser, si quien nos guía lo hace a través de un megáfono.

Y llegan esos otros grandes momentos, cuando nos susurramos a nosotr@s mism@s: pensamientos, reflexiones, cuidados… y nos escuchamos. Importante hacerlo, respeto a nuestras palabras y, lo que es mejor aún, a nuestra esencia. Merecemos autocuidados valiosos y, entre ellos, se encuentra decelerar la vida con nuestra voz, ni que sea por instantes.

Otros niveles de susurro equivalentes a más lujos de vida; viajamos físicamente, o en nuestra imaginación, y llegamos a aquellos paraísos/ambientes… Lugares emocionales en los que parece que el tiempo se ha detenido, el mundo entero paralizado y, exclusivamente, percibimos al mar susurrando, el viento que nos habla frágilmente, el respirar del animal totalmente confiado… Sonidos personificados en la propia naturaleza y animales que nos regalan plenitud; nos hablan de manera tierna y dulce…

¿Me puedo confesar? Cuento con vuestra complicidad de un gesto afirmativo, mil gracias. Este pequeño-gran escrito ha sido susurrado desde el inicio, redactado desde la voz sutil de mi corazón latiendo intensamente, saboreando mis palabras y vuestras miradas, sintiendo un bienestar emocional evocado hacia vosotr@s. ¿Qué he conseguido? Una bonita sonrisa en mi ser externo y, lo que es mejor, en mi ser interno.

Por favor; no dejéis de lado el «uso del susurro», si en público no os apetece, no pasa nada, en privado y desde la sinceridad; siempre existirá algo que os podréis regalar desde vuestro interior, porque sin duda lo merecéis.

Los mensajes que recibimos continuamente apelan a vivir la vida a tope, hecho que no está reñido con unos dulces susurros emocionales, contribuyen a ello perfectamente. Diferentes instantes de recorrido propician a una u otra manera de disfrute, justo y permitido. Sin juicios y con compasión.

¿Y vosotr@s ? Lleváis a la práctica la bonita técnica del susurro, si os apetece, ya sabéis, os esperamos para compartir. Muchísimas gracias por vuestras aportaciones.

«Propongo otro tipo de susurro que a mí me conecta conmigo misma: Cantarme mientras paseo, tarareando o cantando con la letra, pero bajito… SUSURRANDO, llenando nuestro corazón y nuestra mente de las notas y de la poesía que nos ha venido a la cabeza…. maravilloso. Mira hoy me levanté susurrando El Arrebato y su canción Gente Luminosa«

Montserrat Puig

«Y me apunto también a comentar esta maravillosa palabra «susurro» y que sin ella, sería imposible la autorreflexión y el reconocimiento de uno mismo. Me encanta cómo planteas, Ana, las diferentes aristas de la palabra. Yo, que soy muy de profundizar el alma de las palabras, su étimo, me fijo en la traducción literal: hablar en mudo. De este modo, mi propio yo me susurra constantemente, me acompaña, me advierte y hasta me regaña a veces. ¿Y qué sería el amor sin el susurro? Sentir el hablar mudo de tu pareja cerca de oído, notar las palabras envueltas en el aliento ligero de la pareja.»

Cristóbal Carrasco

Momento honestidad: Personalmente soy extrovertida y en mi auto-volumen existe una cierta intensidad, en ocasiones al alza, por supuesto sin llegar al chillido; sin embargo quiero relajar mi voz más. Por otro lado, cuando me doy cuenta de la ausencia continuada de mis «mimos» , renuevo mi «práctica de susurros cariñosos» , en mi intimidad me regalo esos momentos. Simplemente dejándoles convivir conmigo de manera deliciosa. Es brutal y me encanta recodarlo en vuestra compañía.

Mi querida familia, espero que durante esta semana disfrutéis de preciados susurros, de esos que hacen que el corazón se acelere por cariño y se expanda por amor, del que consideréis valioso, sin más.

Empiezo yo, con todas mis ganas, a susurraros: un gran abrazo lavanda con toda mi devoción…

Ana Torres

¡Gracias por Tu victoria!

¡Buenos días querid@s amigu@s mí@s! Martes, vamos a sonreír recordando qué pensamientos y consecuentes emociones sentimos ante logros propios o ajenos. Podemos llamarles: «sabores culminantes» , a ver qué pensáis vosotros.

La concepción de triunfar es unipersonal, va en función de cada uno de nosotros; efectivamente, cada cual tiende a destacar diferentes individualidades para decidir que ha conseguido aquello que anhelaba y sentirse exitoso. Sin duda, nos enriquecemos eufóricamente con eventos excepcionales propios y, además, nuestro corazón decide expandirse dando un paso más allá, haciendo partícipes a personas cercanas e, incluso, a veces, a otras menos vinculadas a nuestro ser.

Sí, se nos acostumbra a generar esa necesidad/voluntad de compartirlo ya que se trata de un resultado/premio muy significativo para nuestra mirada. Importante la forma en la cual transmitimos nuestro triunfo, desde la honestidad y el cariño, no hacen falta ostentosidades. Asimismo, ser conscientes de que no controlamos las diversas reacciones ajenas que esperamos; valoremos que l@s otr@s coexistirán desde sus realidades, por mucho que nos aprecien.

¿Qué causa que no podamos asimilar el éxito de los demás de manera positiva/constructiva? Existen momentos en los que nuestro cariño hacia nosotr@s mism@s se encuentra ausente y, en lugar de concentrarnos en lo que nos transmite la persona que alcanza su meta, nos trasladamos a nuestro interior, llegando a comparaciones que pueden derivar en ser contraproducentes y nocivas: sentir el verdadero dolor de la frustración.

Desde el lado del triunfante, importante desechar la decepción por una contestación no-apropiada y no ser despiadad@, a pesar de no entender qué está sucediendo; diferentes reacciones son lícitas, aunque no sean comprendidas. Obviar críticas; sí, abrir mirada y quizás entrever que el/la receptor/a probablemente lleva su propia lucha, esforzándose y, aún así, no consigue obtener esos resultados que va buscando… Y, de repente, otra persona le muestra la obtención de esa ganancia que él/ella necesita vivir.

Fuera pautas o expectativas a las reacciones del mundo exterior, cabe la probabilidad de que tener noticias de quienes SÍ consiguen sus objetivos, en lugar de generar «felicidad contagiada» , produzca una gran antítesis y se vean reflejos de despecho de sus propios resultados malogrados. Por favor, desde otras posiciones, marquemos la diferencia y mostremos compasión: no juzguemos las diferentes actuaciones, no estamos en su piel, no somos él/ella, no sabemos de sus luchas internas.

Ahora, miremos el recorrido opuesto, nos vamos a la otra cara de la moneda. Aquell@s que sabiendo del éxito de otras personas sienten un júbilo impresionante, unas ganas enormes de felicitar al individu@ en cuestión y llegar a buscar innumerables formas de celebrárselo. Muestra de orgullo ajeno «apropiado» de manera cariñosa: Ell@ ha recogido su fruto, con constancia, esfuerzo y disciplina; variables necesarias para llegar a ese fin tan preciado humanamente.

Existen más reacciones, no importa el formato, también pueden ser agradables, para ambas partes. Dejemos atrás los patrones de las reacciones que corresponden a hechos de gran envergadura, cada cual vive las entradas de las noticias según sus momentos emocionales.

Primordial tener en cuenta que en unas etapas nos podemos encontrar en uno de los lados y, en otras, nuestra posición puede ser la contraria. ¡Ey! Por favor, sólo pido que pensemos los mensajes que lanzamos y rechazar algunos de esos que son «lapidarios» , como diría mi amiga Montserrat. Clasificaciones en ganadores y perdedores son horribles. Hacer camino acompañándose, tanto si percibimos que conseguimos nuestras metas como si nos queda sendero parar ello. Ese sí es un buen galardón emocional, claro que es mi percepción…

Marquemos la diferencia transmitiendo que el valor de las personas reside en su esencia e identidad. Y ojalá que vayan recopilando condecoraciones, propuestas desde su interior, exclusivamente. Y, francamente, tengamos claro que no somos mejores que quienes sienten diferentes percepciones, recordémoslo. Sin mas.

En este momento, he decido ponerme a prueba, a vuestro lado, y sitúo, voluntariamente, el siguiente pensamiento en mi mente: «mi amigu@ ha recibido un gran premio a su proyecto», no importa de qué ámbito estemos hablando. Acostumbro a obviar mi propia situación y observo, de manera honesta e integra, que en mi ser interno fluyen satisfacción, regocijo, complacencia… Todo ello implícito desde no envidiar, sí compartir, no compararme, sí ponderar el esfuerzo, sí saborear su propia plenitud…

Me vuelvo a insistir, busco más objetivamente mi interior, ¿Ana estás segura de que nunca has sentido envidia ante logros de otr@s? Sinceramente, seguramente sí que me ha pasado, no es de mi agrado reconocerlo y sin embargo habré convivido con ello. ¿Y si no lo recuerdas por qué lo admites? Soy humana, imperfecta y no siempre he estado al 100% emocional; así que puedo haberlo hecho, de manera consciente y/o inconsciente; sencillamente ahora no lo recuerdo. Únicamente puedo cerciorar que cada un@ gestiona sus propias luchas y consecuencias. Ya está.

Seguro que os surgen vuestras propias respuestas, si tenéis un ratito y os apetece compartir, ya sabéis, será un gran triunfo de nuestra Kabaña emocional, siempre creciendo gracias a tod@s.

Y, finalmente, ¿Qué es, para mí, la gloria? Como dije una vez, abriendo en canal mi corazón, en «Mochila Lila a Paso Violeta» , el logro en mi más alta estima es: «Ser yo misma, con mis virtudes y defectos». Ahora os vendrán a la cabeza ideas como; «vaya, qué cosas dices Ana»; normal, para vosotros una concepción de éxito, que vaya por estos lares, es: «Ser Vosotr@s mism@s, en vuestra identidad» , no en ser Ana.

Y sí, saboreo ojos que brillan cuando me ven fluir en mi propia esencia… En cambio, existen conceptos populares de éxito, como por ejemplo «Tener mucho dinero» y, para mí, no es sinónimo de vencedora; no es falsedad, claro que me gustaría ganar más, incluso me daría por satisfecha si alguna vez llegara a final de mes con algo de dinero en mi cuenta bancaria y, sin embargo, no me condiciona a sentirme una fracasada. ¿Creéis que esta última palabra pronunciada es exagerada? Fracaso es el antónimo de éxito. Y, aquí vengo yo, y os pregunto: ¿os sentís unos fracasados por no tener grandes cantidades de dinero? Existen los colores intermedios, no lo olvidemos…

Deseo que vuestra contestación a la última pregunta sea un noooo bien grande y ¿sabéis por qué? Porque en la vida lleváis consiguiendo muchos éxitos, recorrido justipreciado. ¡Qué bonito es darse cuenta de todo lo que vamos consiguiendo! ¡Revivir y rememorar aquellas emociones tan potentes que se nos generaron! Correr a la búsqueda de nuestras personas y comunicarlo, transmitiendo con ilusión que lo habíamos conseguido y ¿cómo nos contestaron? Seguramente, en un 99% de personas, unas sonrisas y unos abrazos que implicaban emoción por ambos lados .

Señor@s , esas respuestas forman parte de otras concepciones de lo que significa para mí triunfar: el acompañamiento porque tu persona y solamente tú, con o sin medallas, les importas, te quieren, sienten cariño hacia ti. Sin más.

Disculpad, Otro Momento honestidad: Observando mi línea de la vida mis éxitos personales ganan a mis no-triunfos de camino, que también han sido unos cuantos. Ey, indiscutiblemente, cuando vivo triunfos de mis seres, me siento pletórica por ell@s y su propia satisfacción.

Querid@s amigu@s, os deseo que paséis una buena semana de logros. Observad vuestra línea de la vida y haceros propuestas de validar los vuestros y las emociones que conllevan. Seguramente, si habéis parado de leer y reflexionáis, ahora esté emergiendo esa bonita sonrisa del premiado. Bello ¿eh?

¡Un abrazo de un violeta intenso y explosivo de felicitación a vuestra propia ganancia!

Ana Torres

Un bonito escrito leído con mucho corazón

¡Feliz martes querida familia!!! Quizás os preguntáis, ¿Ana a qué viene tanta efusividad? Os lo argumento rápidamente: semana a semana vamos haciendo nuestro camino y realizando las oportunas lecturas de él, desde nuestro corazón. Todo junto un boom emocional espeluznante, ojalá vuestra mirada coincida con la mía.

Leer que bonita costumbre, la llevamos interiorizando desde donde nuestra capacidad de recuerdo abarca. Bella acción con la que nos empoderamos cuando a nuestras manos llegan obras que nos cautivan, infinitas historias que nos aportan una gran intensidad emocional.

Ahora, con vuestro permiso, os voy a sugerir una de las más buenas leyendas que podéis encontrar, por no decir la mejor: vuestro propio manuscrito, sí, ese que empezasteis a redactar cuando llegasteis a este mundo y que, día a día, mes a mes, año tras año, seguís narrando con todo vuestro esfuerzo e ímpetu.

Sí, Nivel de lectura aumentado, nuestras propias páginas: genuinas aventuras que vivimos en nuestro ser; echémosles una dulce mirada, se genera magia. Vamos descifrando, paso a paso, el sentido de muchas actuaciones que se han dado a nuestro alrededor, donde intervenimos como protagonistas, actores secundarios u observadores.

Para nuestra fortuna percibimos que Millones de libros andantes conviven a diario en nuestro planeta, cuánta belleza viva: espontaneidad personificada y flujos de energía expandiéndose. ¡Con un colosal denominador común: nuestra mente adivinando y nuestro corazón interpretando!

Disfrutar del recital de nuestra propia existencia, a través de infinitas circunstancias donde vamos coexistiendo con ilimitadas audiciones en «nuestros diversos mundos» . Poner entusiasmo e ilusión en la recitación de nuestros senderos internos y externos, llegando a obtener dosis extras de júbilo y felicidad; momentazos donde prioriza el fluir de diferentes fuentes de energía totalmente aceptadas siendo seres únicos y especiales.

Además, podemos contribuir a la mejora de nuestros días con dosis de imaginación, desechando el hastío y el aburrimiento que nos genera realizar siempre determinadas conductas. Asimismo, recordemos que cuando interactuamos con otras personas, ya perdemos un poco ese control de cómo será nuestro guion; dinamismo en estado puro: más mentes, más corazones, más emociones…

¿Y por qué no tratar de vivir cada día como una aventura? Pensáis que en nuestra rutina diaria poca excitación existe… Todo depende de nosotr@s mism@s, ese planteamiento inicial, nuestro enfoque y de la importancia que le demos a lo que nos puede ir surgiendo a medida que avanzamos en ese pequeñito-gran espacio temporal: un simple día.

Por favor, una oportunidad a esos momentos que nos parecen monotonía personificada y ¿si les regalamos una pequeña intriga? Sí, abrir un poco más el ángulo de visión, tal vez nos podamos sentir sorprendidos con unas leves diferencias, podemos regalarnos: emoción, diversión, intriga, aprendizaje, compañía… Seguramente, cuando finiquitemos dicha jornada, en nuestro rincón de descanso, la releeremos y brillaremos descubriendo que nos ha aportado mucho en nuestro interior.

Realmente la lectura de nuestra vida en ese día será más que óptima, pues aún existe un más allá… Así, avancemos un paso más, imaginemos que ese resurgir de la indiferencia podemos trasladarlo a varios días de la semana; suena emocionante pensar que podemos pasar por la vida viviéndola, sencillamente regalándonos oportunidades en un no-tan-simple caminar diario.

Afrontar nuestra propia redacción, con una actitud u otra, puede marcar una gran diferencia: intensidad y enfoque a lujos que conviven con nosotros. Todo depende de los listones que establezcamos para poder visualizar situaciones habituales como excepcionales, que nos sumen y aporten calidad.

De acuerdo, me leo y no vislumbro las aventuras de Lara Croft ni de Indiana Jones, por ejemplo; sin embargo, me regalo dosis de situaciones de gran valor para sencillamente Ana Torres, albergo en un@ película/libro protagonizad@ por mi esencia. Sin más para vosotr@s, Brutal para mí. Os propongo trasladarlo a vuestro ser, maravilla ¿eh? Dejemos esos: «Yo no soy capaz» y Recojamos esos: «Lo voy a probar», quizás vale la pena.

Observando el camino que sigo diariamente, sin ser un autómata, voy encontrando pasos diferentes, casi siempre en positivo; vale pongamos más dosis de realidad, a veces en negativo y, aún así, se quedan en mi pensamiento, y les doy un significado fundamental, todo aporta. Nuevas interpretaciones; sí, insólitos incidentes que deletrear emocionalmente.

¿Seguís sin creerme? Si me lo permitís, voy a citaros algunas pruebas de uno de mis días cualquiera. Francamente valiosas en mi identidad.

«¿No os ha pasado nunca que habéis cruzado una mirada con una persona desconocida, ante una simple situación que ha llamado vuestra atención, y habéis reaccionado con complicidad o con reprobación o con..? Y, a partir de aquí hablar, continuar camino juntos aunque, cuando acabe el trayecto de uno de los dos, os separéis y nunca más os volváis a ver, o tal vez sí. Sin embargo, recordaréis tal instante, de manera placentera, una lectura de un instante diferente: ¡suma!».

«Otro pequeño-gran ejemplo: Cada día, como persona de costumbre, cojo el metro para ir a trabajar. Cuando accedo a la estación, a esas horas tempranas, siempre coincido con el señor que lleva a cabo la limpieza, lo cual agradezco. Me gusta saludar cuando llego a los sitios y, cómo no, le saludo a lo que él me responde, cada vez de manera más agradable y confiada. Uno de esos días laborables, escuché que se llamaba Jesús, efectivamente, al día siguiente le saludé adjuntando su nombre a lo cual él me respondió un poco sorprendido y con una gran sonrisa dibujada en su cara. Ahora, cada mañana, ambos buscamos ese bonito gesto. Hemos subido de nivel; y, si por algún motivo me retraso, y voy caminando más rápida, escucho un agradable: ¡Buenos días, ánimo Ana que hoy vas tarde!».

Quizás os parezcan anécdotas demasiado simples como para catalogarlas de aventuras, lo respeto es vuestra mirada; para mí, representan hazañas diarias. Pierdo el anonimato en un mundo donde todo es ir y venir, sin pararse, casi conteniendo la respiración, rodeada de desconocid@s que se dirigen a múltiples lugares y, entre semejante trajín, me encuentro: ¡reconocida a mí misma por una persona que no me conoce y sin embargo me reconoce! Sencillo y a la par bonito en mi corazón.

«Y ¿Cómo no? Vivir, semana a semana, esta propia aventura de nuestra Kabaña emocional, donde l@s protagonistas somos tod@s: vosotr@s y yo. Aquí impera: escribo y leemos; escribís y compartimos lectura, sentimientos cautivadores, de verdad.»

Finalmente, cuento con todo lo que personalmente aporto al mundo y lo que recibo del Universo, en cada persona y ambiente, la esencia de mi libro es no ser pautado y es sentir qué se me regala cada día; un placer esperarlo fervorosamente.

Rememorad, por favor, seguro que en vuestro paseo diario existen momentos que no son idénticos a los de días anteriores y que le infieren salsa a vuestra vida e incluso dosis de reír o lo que es mejor sentirse vivos. Ante todo, contáis con el gran incentivo de que la única validación necesaria es la Vuestra Propia.

Momento honestidad: Sí que he tenido épocas en las cuales no le he ofrecido la oportunidad que se merecía a mi propia lectura, aprender a no sentirla ni a emocionarme… Simplemente otorgaba la palabra emocionante a hechos/acciones/acompañamientos que eran exclusivos de películas, de una manera irrealista, y sin ofrecer oportunidad alguna a la calidad real de mi propia vida. Por suerte, he conseguido reorientar mi mirada y he llegado a ese preciado momento de sentirme especial, viviéndome como manuscrito único, a mi manera. Sin más.

Querida familia espero que disfrutéis de cada uno de los siete días de esta semana y que, con un poco de empeño al principio y después de manera natural, disfrutéis de las aventuras que os vayan surgiendo en vuestros pasos diarios. Si os apetece compartir, por supuesto que en nuestra Kabaña estaremos encantados de leeros. Gracias

¡Un abrazo muy violeta!

Ana Torres

¿Personalidad esfumada? ¡Número viviente!

¡Feliz martes, querid@s amigu@s! Un placer sentir que en nuestro preciado espacio destaque el enfoque exclusivo hacia nuestras miradas; increíble la bonita sensación que se genera en el corazón. De verdad, con una sola persona que se sienta acompañada, nuestra Kabaña emocional ya está totalmente justificada.

Respiremos aquí, en este lugarcito, la cantidad de seguimientos y/o la cantidad de vistas, se agradecen intensamente; sin embargo no vamos a derivar en convertirnos en números, seamos nosotr@s mism@s caminando junt@s; es nuestra base, ya está.

Aceptamos que desde que nacemos somos inscritos en un registro civil donde nos otorgan un número de vida personificado, el cual deja de tener sentido cuando ésta se acaba. Cierre de nuestro libro, de acuerdo hemos de ser cuantificados de manera ordenada, así que cardinal que se transforma en ordinal. Lo interiorizamos.

Vamos caminando por el mundo, incrementando nuestro valor matemático, nuestro documento de identificación personal tatuado nos acompaña en cada momento que respiramos y obviamos nuestro anonimato. ¿Sinceramente nos sentimos personas únicas con identidad o simplemente una cifra que se maneja en la vida que le toca?

Desde luego que mantener un orden es necesario, el funcionamiento del mundo tiene dicho fundamento pero esta opción no debería ser trasladada cuando se realiza el trato entre humanos. De verdad que nos podemos acompañar, con auténticas personalidades, basándonos en deferencias de l@s un@s hacia l@s otr@s, en cualquier ámbito. No debería ser tan complicado y, sin embargo, entramos en batallas.

¿Es necesaria tanta productividad sin tener en cuenta la persona? No importa si hablamos de expedientes académicos, expedientes de trabajo, número de sanidad, número de contratos con todas las compañías de servicios, bancos y cajas … Todo ello cada vez más numerado, el orden brilla, eso sí; la esencia del individuo/a, ya es otra cosa…

Mi entendimiento a veces se obnubila ante dinámicas que conducen a NO detener la rueda de la producción; SÍ, seguimos perdiendo el interés hacia los detalles únicos de cada persona; puede ser que mi propio avance no sea del número que me corresponde por edad, género, situación laboral…

Quizás, inconscientemente o no, no quiero validar, en todo momento, ese chip numérico que indica únicamente celeridad y rendimiento. ¿Para quién? Tod@s aceptamos que no es hacia nosotr@s pues muchas veces nos sentimos impotentes ante semejante ausencia de emociones.

Cuando sentimos una necesidad y/o tenemos que realizar un trámite, caemos en desesperación, sabemos que nos enfrentamos a una máquina o, con dosis de mucha suerte, conseguimos una «comunicación personalizada» sin empatía alguna. Mi imaginación coloca un cronómetro en mano a ese humano que «nos escucha» y le indica que a ese número que contacta (que en su defecto soy yo o tú) tiene concedida una cuantía de minutos, la más breve posible; se resuelvan, o no, sus peticiones… Caiga o no en su angustia emocional; no importa, es sólo un@ individu@.

Respuestas que conllevan consecuencias emocionales y/o racionales que nos generan un gran malestar, bastante desagradable. Infortunadamente, nos conducen a vislumbrar una tremenda y horrorosa realidad: ¡únicamente somos un número! Y derivamos en que se reproduzcan exponencialmente en más ámbitos…

Por favor, ¡basta ya! Nos llenan el pensamiento transmitiéndonos que tenemos que vivir la vida y, luego, ante la dinámica real de ésta, únicamente se vislumbra una cifra; eso sí, pertenecemos al gran entramado mundial. ¿Y la calidad emocional dónde se queda? ¿En qué lugar se ha firmado un contrato, bien numerado, indicando que la humanidad desaparezca ante cualquier solicitud y/o demanda que surja?

¿Incredulidad? ¿No habéis sentido nunca que perdíais vuestro nombre y que únicamente os podíais sentir identificados con un simple guarismo? No importa el ámbito, rememorad pasos dados y me comentáis, si os apetece, por supuesto.

Llevamos colgada nuestra matrícula, como un coche, y sin menospreciar al vehículo que realiza la función para la cual fue diseñado, ¿nosotros como seres autónomos en qué lugar nos posicionamos? Nos pasamos la vida obsesionados mirando números: nuestras notas, nuestras cuentas bancarias, nuestras redes sociales, nuestras pulsaciones,… ¿De verdad que mimetizamos hasta tal punto que aceptamos que sin cifras no somos nadie?

Desesperación de perder personalidad ante una numerología impersonal y, aún así, nos mantenemos impertérritos. ¿De verdad que ésta es la calidad humana que nos merecemos vivir? Dejemos de ser autómatas mal conducidos y luchemos por un cambio de rumbo.

Cuidadín, que la actitud del anonimato la estamos transfiriendo a nuestras relaciones interpersonales, empezamos en los estudios, seguimos en los trabajos… ¿hasta dónde vamos a llegar? ¿Sólo importa que haya alguien realizando qué sé yo, contabilizado lo que se ha pautado?

Estamos dirigiéndonos a espacios/momentos en los que ser un número es inhumano… Por favor revisemos un poco nuestros argumentos, un mundo donde notemos que existe nuestra identidad y no un dígito sin más.

Para nuestra suerte, todavía existe una bonita y maravillosa «especie» , aún no extinguida del todo; sí, son aquellas personas que, a pesar de estar pautadas para ser productivas, intentan poner de su corazón y entendimiento emocional: ¡acompañan! Y ¡ojo! No importa el ámbito o si se les dirige una mirada de desaprobación, ell@s continúan con sus valores fundamentales marcando la diferencia y cuidando del prójimo.

Tal vez, con más recursos humanos, con menos premisas de producción y más de atención, se podría cuidar con calidad humana; claro que los números económicos de la telaraña mundial se verían afectados. Por contrapartida, con dosis extra de desfachatez, se habla públicamente de cómo la salud mental está empeorando, en números se ve claro… ¿Qué esperan? ¿Y el acompañamiento se entrevé? Empecemos por ofrecer una conexión más humana y entender el nombre de quién solicita, simplemente su NOMBRE...

Sentirse cuidado por otras personas, una calidez que otorga calidad ante solicitudes, atendid@s con cariño y delicadeza… Realmente, se genera un sentimiento enorme de satisfacción y bonanza. ¿Tan inverosímil es regalar este sendero? No debería haber sido fusilado.

Mal que pese a la efectividad mundial de la gran numerología, cada uno de los números que tenemos asignados corresponden a una PERSONA única con nombre y apellidos que posee una vida que debe ser lo más PLENA posible. Caminemos hacia un cuidado emocional imperante y primordial, sin más. ¿Utopía? Sinceramente, deseo que no, existen muchos entornos en los cuales la «especie», antes citada, marca la diferencia. ¿Nos unimos a caminar minimizando automatismos sin sentido? ¡Yo sí!

Momento de honestidad: Si os preguntáis en qué trabajo, para la Administración, sí funcionaria. Creo que debe haber saltado vuestra alarma; tranquilidad. No soy perfecta, así que NO pertenezco al «mundo del dígito imperante» : priorizo las personas y SÍ, me interesa saber con quién hablo y le acojo, sin importarme edad, género, nacionalidad… Me siento bien actuando de esta forma, aunque mi saber por el contar esté desorientado. ¡Rompí mi cronómetro!

Querida familia, espero que disfrutéis de una semana especial donde seáis acompañados en vuestros diferentes entornos como los seres únicos que sois,. Los números para las velas de nuestros pasteles de cumpleaños, en caso de que nos gusten.

¡Abrazos lilas desde mi corazón!

Ana Torres