Sin palabras ya dices mucho

Muy buenos días querida familia, un nuevo acompañamiento semanal. Último martes de marzo del 2022, vaya qué rápido caminamos, llevamos casi dos meses junt@s. Brutal.

Hoy quisiera empezar nuestra dialéctica de una manera diferente, a ver qué os parece. Me gustaría proponeros un pequeño reto, por favor encended el televisor o tablet o pc o móvil… Elegid un anuncio mismo y quitadle la voz, observad los personajes que salen e imaginad por sus gestos corporales qué están indicando, qué están comunicando, mensaje agradable o no, tranquilo o violento, os transmiten buenas «vibras» o no; ahora, si tenéis ganas, escribid lo que vuestra mirada ha interpretado…

Un rato después, cerrad los ojos, por favor, e intentad escuchar lo que antes veíais, con una escucha bastante atenta del mensaje, podemos incluir hasta la entonación, si hay pausas interesantes…

¡Y ahora todo el conjunto! ¿Apreciáis los matices que os han indicado en primer lugar vuestros ojos y luego vuestros oídos? ¿Y finalmente todo a la vez? ¿Concuerda vuestra interpretación global cuando aplicáis la atención dirigida, hacia aquellos personajes, a través de los diferentes sentidos?

Supongo que ya habéis discurrido a dónde quiere llegar Ana con esta introducción del blog. Igualmente, os contesto rápido, hoy me gustaría destacar la importancia del lenguaje no verbal en nuestra comunicación diaria, y entrever si es real que nos entendemos bien. Es decir, una manera de transmisión de información correcta, cuando lenguaje verbal y no verbal aportan la información sincronizada.

Interesante si fuéramos conscientes que entramos en lo absurdo de la comunicación sin esa coordinación expresiva adecuada y, en consecuencia, asumir categóricamente que nos puede llevar a consecuencias mal conducidas, sobre todo a nivel emocional.

Incoherencias de comunicación, como emisores del mensaje y que NO trasladamos, de manera coherente, con nuestro cuerpo lo que decimos con palabras… En esos momentos, observamos atónitos la reacción del receptor y nos afloran preguntas del tipo: ¿Por qué no me entiende lo que yo digo si lo estoy diciendo de manera muy clara?, ¿Qué sucede si hablamos el mismo idioma? o ¿Únicamente quiere oír lo que desea?..

Las anomalías de comunicados, más frecuentes, pueden surgir desde el punto de vista de los destinatarios del mensaje. Así podemos detectar que una persona nos acaricia con su mirada, su sonrisa y, por el contrario, sus palabras: su mensaje hablado NO deja vislumbrar semejantes carantoñas, ni por asomo; por circunstancias ajenas o internas del comunicador, no lo sabemos… Y, simplemente, retenemos el sabor de: «Podías haber sido un tanto más profundo…»

En cambio, en otros momentos, se puede apreciar que vocablos cariñosos vayan acompañadas de gestos secos que desorientan, que no concuerdan con ese agasajo de palabras bien sonantes. En consecuencia, acabamos interpretando que te están diciendo lo que NO sienten o que NO se les genera desde su interior verdadero. Llega un desconcierto y reflexionas definitivamente: «No digas nada, será mejor» o un «Si por lo menos me mirarás a los ojos…»

La coherencia comunicativa tiene más probabilidades cuando se produce el fenómeno desde la honestidad y la sinceridad o, por el contrario, nuestra alarma sensitiva se puede disparar y alertarnos que aquella persona nos está hablando con hipocresía o que aquello que nos dice es mucho humo, que ya veremos hacia dónde irá. Definitivamente, derivamos en una desconfianza total.

Aprendemos a discernir con quién platicamos y/o con quién queremos pasar más tiempo según el camino que tomen los lenguajes de los/as interlocutores/as. Definitivamente, profundizamos en la diferencia de congéneres con los que nos relacionamos, voluntariamente o por obligación o, simplemente, acabamos obviando y se acaba relación, sin más.

Aquella persona coherente e íntegra de lenguajes, regala palabras alineadas con su cuerpo, consiguiendo engancharte, transmite de una manera exquisita y, probablemente, derivará en persona entrañable con un gran carisma. Bien al contrario, quien se contradice totalmente entre lo que dice verbalmente y lo que expresa corporalmente, desprende un aura que nos acaba generando desconfianza, rechazo e incluso una gran antipatía.

Para ser coherentes es necesario mantener una ética de la comunicación, saber de la evidencia del lenguaje no verbal y de sus efectos, la deferencia hacia los demás debería ser real, no sólo narrada.

Otorgar la importancia al lenguaje no verbal es muy importante, una gran parte de éste surge del inconsciente y no lo podemos controlar de manera voluntaria, a no ser que estemos entrenados o que seamos unos magos del engaño y transmitir lo que realmente no sentimos nos sea sencillo. Y yo me pregunto, ¿realmente vale la pena tanta falsedad?

Ser conscientes de nuestra responsabilidad de comunicación nos podría aportar una mejor calidad de vida, incluidos esos monólogos que hacemos cuando reflexionamos y queremos interiorizar mensajes cuando emocionalmente nos causan rechazo. Nos debemos un respeto y no traicionarnos por rigor pautado ajeno.

Una buena comunicación es básica para poder progresar en nuestros diversos mundos cuidándonos, del modo más deferente, de manera bidireccional. Destacando, como no, que se trata de un proceso donde se escucha más allá de las palabras emitidas.

Nuestros silencios también dialogan, nuestro tono de voz habla, nuestro lenguaje corporal entero puede pasar de susurrar a gritar: empezando por entrecejo pasando por ojos, expresiones de nuestro labios, movimientos y posiciones de nuestras extremidades/tronco/cabeza… La sinergología, orientada a un mejor entendimiento del lenguaje no verbal semiconsciente e inconsciente, nos puede enseñar un paso más allá en la descodificación de dicho lenguaje. No obstante, sin ser eruditos, entendemos qué es verdadero o no, en bastantes ocasiones.

Múltiples recursos que, bien usados, llevan a que las personas se conviertan en seres íntimos, de los cuales no te quieres despegar, suscitan charlas saludables y sendas de vida conjuntas a deleitarse.

¿Cuántas veces no hemos pensado que nos lanzan una retahíla de palabras pero el rostro de la persona transmitía lo contrario? Y sin embargo, callamos; como mucho, si existe confianza, llegamos a preguntar sobre qué sucede porque estamos viviendo en directo una gran incoherencia de comunicación.

¡Ay! Nuestra cara, cuán importante es y todo lo que llega a expresar, no en vano se presenta como el reflejo de nuestra alma o una gran lupa de nuestras emociones.

Pretender hacer ver al oyente lo que nosotr@s no creemos es un proceso arduo difícil: nuestra faz mostrará una no-creencia importante en aquello que explicamos y cuyo efecto puede derivar incluso en una falta de respeto hacia el interlocutor. Sí respeto, miramiento o atención que forman parte de una buena «raíz» de la vida social y dicha ausencia puede conllevar a recelo, aprensión, reticencia e incredulidad interpersonal.

Amigos/as, si no diésemos importancia a los lenguajes que usamos a diario, estaríamos desembocando en comunicaciones disruptivas y tediosas que desembocarían en conductas de indiferencia y hastío de unos hacia otros, en cualquier ámbito. La cadena se rompería y se acabarían las buenas conexiones que necesitan las relaciones. La necesidad de cuidarnos los unos a los otros, a través de las palabras y los gestos, es un caminar más allá, sin fronteras, con grandes dosis de consideración y tolerancia.

Qué difícil se nos puede llegar a convertir la «convivencia» si lo que impera es esa «incomunicación» que no pretendemos corregir por falta de honestidad, ya que ponderamos en más alta estima otras finalidades; destrozamos relaciones o generamos vínculos de un formato un «tanto rígido» e incluso un «tanto estratificado» dándole un guantazo a la complicidad y la igualdad.

Con toda franqueza, yo violencia cero y, como soy bastante consecuente, esas comunicaciones, un tanto superfluas, llenas de falsedades lingüísticas incoherentes, desaparecen de mi vida, cada vez más rápidamente, me aferro a la gente auténtica y acorde a su propia esencia y la mía. Sólo las mantengo si son trámites puntuales o imposiciones con personas con las cuales no tengo ningún tipo de implicación, ese modus operandi es muy difícil mantener en el tiempo, para mí.

Francamente, si queremos potenciar un bienestar emocional cuidemos nuestra comunicación y no derivemos en conexiones interpersonales sin complicidades, nulas de veracidad. Sencillamente, no me imagino explicar alguna de mis preocupaciones a persona de mi confianza y percibir que, a la vez que me lanza un «te entiendo o te acompaño», esté girando la cabeza de un lado al otro o empiece a hacer muecas con su boca, rascándose la nariz, los brazos en garra…. Ridícula la escena, ¿verdad? Romperíamos comunicaciones íntimas y derivarían en esperpénticas, con una gran falta de nobleza y sinceridad.

Será un lujo de existencia si no hemos de convivir con aquellos/as que nos intentan manipular porque tienen un máster de lenguaje corporal y verbal que no esté basado en la franqueza y en la claridad.

Espero que la mayoría de nosotr@s, es más estoy segura que tod@s, de manera real, de nuevo marquemos la diferencia de esas arritmias de lenguajes y nos mostremos como personas sanas en valiosos intercambios de informaciones y emociones.

Para concluir, una valoración muy sencilla: por mucha confianza que tengamos con nuestros interlocutores, o no, es primordial poner conciencia en lo que decimos y más aún en las maneras de cómo lo decimos, si queremos llegar a tener un gran cuidado unos de otros. Estamos hablando de la diligencia de la palabra, su movimiento destacado y el valor del gesto.

Qué apreciado cuando, sin mediar boca, nos comentan sobre nuestro estado emocional e incluso nos dejan ir ese bonito: «Tu mirada lo dice todo, ¿necesitas algo?»…

Por si acaso tenéis reciente algún regusto «agrio» de comunicación, en vuestro recuerdo, os comento que, mientras hemos estado manteniendo esta charla, mis pupilas estaban muy dilatadas, estaba emocionada creyendo en este pequeño mensaje y una buena sonrisa me emergía hacia vosotr@s. Os he estado hablando honestamente, desde mi corazón, mostrando mis propias emociones y con ganas de interconectar con las vuestras, o como mínimo intentarlo.

Recordad: donde va el enfoque va la energía, vamos a por comunicaciones potentes desde la integridad personal y que, ante todo, nos aporten paz emocional; con todo respeto a aquell@s que no deseen convivir con dicha base de afinidad.

Muchas gracias por vuestras lecturas. Que tengáis una semana dulce. Un gran abrazo, familia.

Ana Torres

4 comentarios en “Sin palabras ya dices mucho

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