Permiso concedido: ¡puedo ser feliz!

Buenos días querid@s amigu@s, no es martes y vuelvo a vuestro lado, espontaneidad de sentimientos, disculpadme. Con vuestro permiso, vamos a aportarnos un momento de aquellos de confidencias y complicidad emocional; espero y deseo que sea de vuestro agrado.

En esta época de individualismos, conjugar con entusiasmo el verbo compartir otorga dosis de calidad de vida y ¿por qué no? ¡De felicidad!

Ésta última, a veces, se muestra ausente como consecuencia de nuestra línea de vida; más si nos encontramos en puntos descendentes que, con razón de causa, desestabilizan nuestro bienestar emocional. Francamente no creo en una fórmula única para salir de ellos; acaso profesar grandes dosis de paciencia con nosotr@s mism@s, cariño, compasión y tiempo pueden permitir avanzar en nuestro desasosiego emocional.

Sin embargo, en otras ocasiones, nos puede suceder que no sabemos visualizar, dicha bonanza, a pesar de la convivencia existente; bien por nuestros anhelos que no nos dejan ancorarnos en el disfrute del presente o bien porque ponemos un grado de exigencia que nada nos parece suficientemente positivo en nuestra vida.

Quizás, una opción muy interesante podría ser: mirar con ojos de más cariño a lo que tenemos y dejar de enfocar a lo que no tenemos que degrada nuestra dicha. Y no, no se trata de conformismo sino de revisar nuestra propia tabla de valoraciones, sin entradas externas, únicamente unipersonales, desde nuestra identidad.

También, inconscientemente o no, podemos derivar en extremos esperpénticos: SÍ, la saboreamos y aún así nos sabe mal transmitirlo al exterior propio y/o ajeno. Craso error: recordemos que las emociones se contagian y donde se entrevé que existe un bienestar emocional puede desembocar una cadena muy dulce a degustar.

Aunque, continuamente, nos «eduquen» en enfocar más intensamente a la vertiente negativa, podemos marcar la diferencia y orientarnos a la vertiente positiva; no importa si los transgresores somos una minoría, avanzaremos. Y tranquilidad, no desconectamos de las realidades.

Que sí, que realmente, nuestra salud mental se ha deteriorado en el paso de los años, muchas entradas de miedos, malestares, pérdidas personales,… ; sin embargo tengo fe ciega en que podemos conseguir que vuelva a flotar el confort emocional, poder seguir escalando con nuestro corazón y no sentirnos decepcionados siempre con la vida misma, naufragando en un bajo máximo de vacío emocional o derivando en enfermedades, mentales y/o físicas, que nos conduzcan a no poder surgir de ese pico tan descendente.

Sinceramente, en esta entrada no se proponen métodos de cómo conseguir nuestra anhelada felicidad buscando patrones, hábitos, actitudes… Vamos a ver y valorar esos maravillosos momentos emocionales en los cuales la sentimos y SÍ podemos comunicarlo a nuestro interior y trasladarlo a nuestro exterior, si nos apetece. No los menospreciemos por la durabilidad cayendo en una ceguera sin sentido.

Es un mero cuento la búsqueda de la «vida perfecta» para aceptar la presencia de la felicidad. Así que, por favor, obviemos esa censura propia y aliena que nos condiciona y pronunciemos frases de la guisa: «Merezco ser feliz» o, como colofón, «Soy feliz». Único requisito: ser honestos con nuestra propia idiosincrasia y justipreciar lo que tenemos.

Desechemos el ir corriendo a esos «peros» para sentirnos en sintonía con tod@s aquell@s que trasladan sus malestares, fundamentados en mayor o menor grado y con todos mis respetos. Por supuesto que no estoy hablando de sonreír ante el sufrimiento ajeno, actitud inhumana, sin más; es un compartir la existencia de un final a ese padecimiento. Regalar comprensión, sin menospreciar nuestros momentos, convivir sin capar a nuestra propia esencia.

Brillar emocionalmente, de manera individual o colectiva, sencillamente nos hemos de regalar la oportunidad de vivir en vida y fusilar pensamientos de negatividad constantes; los intentos de no validar dichas negaciones finalmente nos conducirán a la generación espontánea de actitudes más saludables y su lícita validación.

En estos últimos días he observado mi interior y ha emergido la total conciencia de que soy feliz, mis valores y mi esencia fluyen en el camino de mi identidad. Honestidad: confieso que, meses atrás, yo no me daba permiso para reconocer tan bonito estado en mi ser, creía que no estaba bien, mis circunstancias personales que me acompañan pautaban un camino, o ese era el mensaje que yo interpretaba…

Visto desde otra posición, mucho más sana, he palpado mi actitud un poco-bastante ridícula y se lo he traslado a mi interior fervorosamente: «Ser feliz no conlleva el olvido como aliado sino el lujo de que te acompañe lo vivido hasta el presente».

Querid@s mí@s, lanzo mi propio manifiesto de manera pública, sin pudor alguno: «Me siento feliz en mi presente» . Me encantaría que vosotr@s dirigieseis una mirada cariñosa a vuestros propios momentos y el balance total sea en positivo, llegando a vuestro propio manifiesto emocional… Por supuesto que si lo queréis compartir os esperamos en nuestra Kabaña emocional. Gracias de antemano.

¡Que disfrutéis de una buena y feliz semana! Ningún momento emocional puede ser sempiterno, así que a gozar del «tempo» de los positivos, sin más.

Un abrazo enorme, vuestra amiga

Ana Torres

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3 comentarios en “Permiso concedido: ¡puedo ser feliz!

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